Hijos de papi: ¿Cuántos herederos de políticos han conseguido construir una carrera propia?

Hijos de papi: ¿Cuántos herederos de políticos han conseguido construir una carrera propia?

Foto: Magnific

La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano reabrió el debate sobre el peso de los apellidos en la política mexicana y la facilidad con la que algunas familias consiguen mantenerse en los espacios de poder, y es que mientras el fundador del PRD es recordado como uno de los protagonistas de la transición democrática del país, otros consideran que nunca pudo desprenderse completamente de la sombra de su padre, el expresidente Lázaro Cárdenas del Río.

 

Sin embargo, su trayectoria plantea una pregunta mucho más amplia: ¿cuántos hijos de políticos han conseguido construir una carrera propia y cuántos solamente han aprovechado las relaciones y el capital político heredado?

 

En México, los apellidos de expresidentes, gobernadores, dirigentes partidistas y figuras históricas se han convertido en una especie de patrimonio político que pasa de generación en generación; la alternancia partidista no terminó con esta práctica y la llegada de nuevos movimientos al poder tampoco ha impedido que familiares de personajes influyentes encuentren espacios en las dirigencias, los congresos y los gobiernos. 

 

Algunos han conseguido construir una trayectoria con resultados propios; otros permanecen en la vida pública principalmente por el parentesco que los identifica.

 

El caso de Cuauhtémoc Cárdenas es uno de los más representativos; hijo del general Lázaro Cárdenas, presidente de México entre 1934 y 1940, consiguió desarrollar una carrera que terminó por colocarlo como uno de los principales referentes de la izquierda mexicana.

 

Su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, también siguió el camino de la política, fue diputado federal, senador y gobernador de Michoacán entre 2002 y 2008; posteriormente ocupó responsabilidades en el ámbito federal, como coordinador de asesores del expresidente Andrés Manuel López Obrador y jefe de la Oficina de la Presidencia durante el gobierno de Claudia Sheinbaum. 
 

Otro de los casos más conocidos es Luis Donaldo Colosio Riojas, hijo del excandidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio Murrieta, asesinado en 1994.

 

Su apellido representa uno de los episodios más dolorosos de la política contemporánea, pero ha desarrollado su carrera principalmente en Movimiento Ciudadano; fue diputado local en Nuevo León, alcalde de Monterrey entre 2021 y 2024 y posteriormente llegó al Senado de la República.

 

También destaca Miguel Alemán Velasco, hijo del expresidente Miguel Alemán Valdés, quien fue senador y gobernador de Veracruz entre 1998 y 2004; además de su participación política, desarrolló una carrera empresarial vinculada a importantes compañías. Su paso por el gobierno estatal le permitió construir una trayectoria propia, aunque no estuvo exento de las críticas relacionadas con las dinastías políticas y económicas del país.

 

En esta lista también aparece Enrique de la Madrid Cordero, hijo del expresidente Miguel de la Madrid Hurtado, fue director general de Bancomext, secretario de Turismo durante el gobierno de Enrique Peña Nieto y aspirante a la candidatura presidencial del PRI; su experiencia en la administración pública le ha permitido construir un perfil propio, aunque su apellido continúa siendo una referencia inevitable.

 

En el otro extremo aparecen personajes cuya llegada a posiciones de poder ha provocado cuestionamientos sobre nepotismo, falta de experiencia o dependencia de las estructuras familiares.
 

Uno de los casos más representativos es Evelyn Salgado Pineda, hija del político guerrerense Félix Salgado Macedonio. Llegó a la gubernatura de Guerrero en 2021, después de que las autoridades electorales retiraran la candidatura de su padre.

 

Otro ejemplo es Jorge Emilio González Martínez, hijo de Jorge González Torres, fundador del Partido Verde Ecologista de México; conocido como el Niño Verde, se convirtió en uno de los principales dirigentes de esa organización y mantuvo una influencia determinante en su estructura, su trayectoria ha estado acompañada de controversias y cuestionamientos, mientras el partido ha conservado una importante presencia dentro de las alianzas electorales.

 

También está Sylvana Beltrones Sánchez, hija de Manlio Fabio Beltrones, uno de los políticos más influyentes del priismo durante varias décadas; fue senadora y desarrolló su carrera dentro de las estructuras del PRI, y aunque ha ocupado responsabilidades legislativas, su apellido ha sido una parte permanente de su identificación pública.

 

El caso de Alejandro Murat Hinojosa también ilustra la continuidad de las familias políticas; hijo del exgobernador de Oaxaca José Murat Casab, llegó a la gubernatura de esa entidad para el periodo 2016-2022, después de ocupar cargos en el Infonavit y otras responsabilidades públicas. 

 

La llegada de Morena al poder no terminó con este fenómeno, por el contrario, abrió un nuevo capítulo en la discusión sobre la participación de familiares de figuras políticas en posiciones estratégicas.

 

Andy López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, asumió en 2024 la Secretaría de Organización del Comité Ejecutivo Nacional de Morena; su incorporación a la dirigencia provocó cuestionamientos por el peso de los vínculos familiares dentro de un partido que llegó al poder con un discurso de combate a los privilegios y a las prácticas del viejo régimen.

 

A diferencia de su padre, López Beltrán no ha construido una trayectoria comparable en cargos de elección popular o responsabilidades de gobierno; su posición dentro de Morena, sin embargo, le concede influencia en la organización territorial y política del partido.
 

La historia política mexicana demuestra que los apellidos pueden funcionar como una ventaja electoral, una plataforma de reconocimiento y una llave para acceder a espacios de decisión; sin embargo, también pueden convertirse en una carga cuando quienes los heredan no consiguen demostrar capacidades distintas a las de sus progenitores.
 

Haber crecido en una familia vinculada al poder no descalifica automáticamente a nadie para participar en política, el problema aparece cuando el parentesco sustituye a la preparación, la experiencia y los resultados, o cuando las instituciones se convierten en espacios de continuidad familiar.

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