A un año del asesinato de Carlos Manzo, ocurrido el 1 de noviembre de 2025 durante el Festival de las Velas en Uruapan, Michoacán, el impacto político y social de su muerte muestra dos caminos distintos: el repliegue del movimiento Generación Z, que protagonizó protestas contra el gobierno y la inseguridad, y la permanencia del Movimiento Independiente del Sombrero, impulsado por el exalcalde y ahora encabezado por su viuda, Grecia Quiroz.
El asesinato se convirtió en el detonante de una movilización juvenil que encontró en las redes sociales el principal espacio de organización y difusión.
Bajo el nombre de Generación Z México, jóvenes comenzaron a articular convocatorias en plataformas como Discord, X e Instagram; adoptaron como símbolo la bandera pirata de "One Piece", conocida como Jolly Roger, y los sombreros de paja, en una referencia a la identidad del movimiento y a la lucha que representaba Carlos Manzo.
Entre sus principales exigencias figuraban la creación de mecanismos ciudadanos de revocación de mandato, mayor transparencia gubernamental, reformas al sistema de justicia, el combate a la impunidad y una desmilitarización progresiva de la seguridad pública.
Desde el gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, se cuestionó la espontaneidad de las movilizaciones y se señaló la posible intervención de grupos opositores, operadores políticos e influencers; por su parte, quienes impulsaban las convocatorias defendieron su carácter ciudadano y rechazaron que respondieran a intereses partidistas.
Pese al impacto de la primera movilización, el movimiento Generación Z no logró mantener el mismo nivel de convocatoria.
Entre los factores que explicaron su debilitamiento estuvieron las diferencias internas, la falta de una estructura organizativa, la ausencia de demandas unificadas y las acusaciones sobre la participación de actores políticos tradicionales que terminaron por generar divisiones entre sus integrantes.
La incorporación de sectores adultos y grupos de oposición también abrió cuestionamientos sobre la identidad original del movimiento, que había surgido con una narrativa de inconformidad juvenil y apartidista.
Para 2026, sus integrantes han mantenido la intención de regresar a las calles el 15 de noviembre, cuando se cumple un año de la movilización nacional, con nuevas exigencias relacionadas con la inseguridad, la corrupción y la violencia, además de insistir en rechazar la participación de partidos políticos.
Un año después, dos caminos distintos
A doce meses del asesinato, la figura de Carlos Manzo continúa presente en la discusión pública, pero los movimientos que surgieron o tomaron fuerza a partir de su muerte han tenido resultados distintos.
La Generación Z representó un momento de movilización nacional que consiguió llevar a las calles el descontento de miles de personas frente a la inseguridad, la corrupción y la falta de confianza en las instituciones; sin embargo, la falta de organización y las divisiones internas limitaron su permanencia.
En contraste, el Movimiento del Sombrero encontró en la figura de Grecia Quiroz una continuidad política y una posibilidad de consolidarse como una fuerza regional con aspiraciones electorales.
El asesinato de Manzo evidenció la vulnerabilidad de las autoridades municipales frente al crimen organizado y abrió un debate nacional sobre la impunidad y la seguridad; aunque las investigaciones reportan detenciones y avances, persisten cuestionamientos de sectores cercanos a la víctima sobre el esclarecimiento integral del homicidio.
Un año después, la bandera de la Generación Z perdió fuerza en las calles, pero el sombrero sigue siendo un símbolo de identidad política en Michoacán, lo que comenzó como una expresión de indignación colectiva terminó por tomar dos rutas: una movilización juvenil que se replegó y un movimiento político que busca convertir el legado de Carlos Manzo en un proyecto de largo alcance.