La realidad virtual y la inteligencia artificial (IA) pueden combinarse para que estudiantes de carreras técnicas practiquen procedimientos en entornos simulados y reciban retroalimentación sobre su desempeño. Esta aplicación permite repetir ejercicios antes de trabajar con equipos reales, especialmente en actividades donde los errores pueden representar riesgos físicos o costos materiales.
En entrevista con NotiPress, Miguel Sabal, especialista en innovación educativa y tecnologías inmersivas, explicó que ambas herramientas cumplen funciones diferentes: la realidad virtual proporciona el escenario de práctica y la inteligencia artificial analiza las decisiones del estudiante para ofrecer recomendaciones.
El informe How Can Innovative Technologies Transform Vocational Education and Training, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2025, documenta el uso de simulaciones para desarrollar habilidades profesionales en condiciones seguras. Entre los casos recopilados figura un programa de realidad virtual para futuros técnicos eléctricos en Macedonia del Norte, con prácticas relacionadas con instalaciones de alta tensión.
Uno de los ejemplos que presentó Sabal fue la formación de electricistas mediante realidad virtual. Antes de realizar conexiones en un tablero de alta tensión, los alumnos pueden practicar varias veces en una representación virtual del equipo.
Según el especialista, estas simulaciones permiten familiarizarse con los procedimientos y fortalecer la toma de decisiones mediante la repetición, sin exponerse a los riesgos de una instalación eléctrica real ni a los costos de dañar componentes durante el aprendizaje.
Un segundo informe de la OCDE, publicado en 2026, identifica la repetición de tareas en entornos virtuales seguros como una aplicación de las tecnologías de realidad extendida en la formación profesional. El informe también destaca que estas herramientas como la VR pueden facilitar la práctica de actividades complejas o peligrosas antes de realizarlas en lugares de trabajo reales.
Miguel Sabal reconoció que las experiencias virtuales no reproducen todas las sensaciones físicas de una práctica presencial, particularmente el tacto. Sin embargo, consideró que en determinados oficios el valor de estas herramientas reside en preparar al estudiante para decidir cómo actuar antes de enfrentarse al equipo.
La inteligencia artificial añade una segunda función: proporcionar retroalimentación en tiempo real. Sabal explicó que los sistemas pueden analizar las acciones realizadas durante una simulación, compararlas con procedimientos establecidos e identificar decisiones que requieren corrección.
El informe de la OCDE también señala que la IA puede adaptar la enseñanza y la retroalimentación a las necesidades de distintos estudiantes. Esta capacidad ofrece posibilidades para personalizar las actividades de formación técnica, aunque requiere supervisión y criterios pedagógicos adecuados.
Como ejemplo adicional, Sabal describió un escenario de formación médica mediante realidad virtual, donde un estudiante puede practicar una intervención quirúrgica en una sala simulada y recibir observaciones sobre la secuencia de sus decisiones.
En ese contexto, la IA podría advertirle si intenta realizar un procedimiento sin haber revisado previamente los signos vitales del paciente virtual. El objetivo es que la evaluación responda a lo ocurrido durante el ejercicio y no únicamente a una secuencia fija de instrucciones.