El 1º de octubre un nutrido grupo de trabajadores disidentes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tomaban las oficinas del Sindicato Nacional (SNTSS) en Ciudad de México. La molestia había iniciado días antes, cuando el Comité ejecutivo anunció los resultados de las negociaciones salariales de este año: un aumento del 6.8%, sin embargo, solo el 2.9% es directo al salario. Ante una dirigencia sindical totalmente rebasada, los trabajadores se han organizado y han salido a las calles, despertando una capa revolucionaria poderosa. ¿Qué está pasando?
En nuestro país, el 60% de las personas con acceso a servicios de salud y seguridad social son atendidos por el IMSS, se trata de casi 82 millones de mexicanos. El mayor crecimiento se tuvo en el sexenio pasado cuando se incorporó a la población beneficiaria del extinto Seguro-Popular, hoy IMSS-Bienestar con la finalidad de subsanar el déficit histórico de atención. Sin embargo, el crecimiento de derechohabientes no ha estado acompañado de la misma proporción en el crecimiento de la plantilla laboral, lo que ha sobrecargado aún más a los trabajadores de la salud y en ciertos puntos del país ocasiona una presión sobre los recursos: insumos médicos y de hospitalización.
La siguiente gráfica muestra el crecimiento porcentual de los derechohabientes comparado con la plantilla de personal. Muy a pesar de que desde 2018 se han ofertado un mayor número de plazas, sobre todo de personal médico, esta tendencia se revirtió en 2024, donde el mayor número de plazas que se abrieron fue para personal administrativo y mandos medios. La brecha entre el crecimiento de personal y derechohabientes es del 5%. Lo anterior significa que las cargas de trabajo han aumentado de forma real para el personal del IMSS.

Elaborado con datos de IMSS
Sin embargo, el deterioro del IMSS, aunque a muchos le siga doliendo, es resultado del neoliberalismo. Durante el periodo 1988-2018 el plan era privatizar el IMSS, la estrategia se basaba en descapitalizarlo, empezar a desmembrarlo, reducir su presupuesto para sobrecargar la atención, hacerla más deficiente y se presentara como la solución la entrada de capitales privados. El primer paso, con la reducción presupuestal sobrevino el desabasto de medicamentos y el deterioro de la infraestructura, los años noventa fueron desastrosos, ¿se les olvidó a los prianistas? ¡aquí se los recordamos!
El segundo paso fue la subrogación de servicios de guarderías infantiles, ya vimos los resultados: en manos de privados (parientes del gobierno panista en Sonora) las guarderías infantiles operaban sin los más mínimos requisitos de seguridad y sobrevino una tragedia. El tercer paso, fue la privatización de los fondos de pensiones y jubilaciones, el gobierno del vendepatrias Ernesto Zedillo le quitó al IMSS estos fondos y los puso en manos de los banqueros bajo el nombre de AFORES hoy suman más de 9 billones de pesos generando rendimientos para capitales privados, ¿se imaginan que ese dinero estuviera dando rendimientos al IMSS, cuántos hospitales podrían construirse anualmente?
En aquel momento fueron los trabajadores del IMSS y un SNTSS, que a regañadientes, salieron a las calles a defender la seguridad social. Los golpes, con menor intensidad, siguieron, pero también la resistencia de los trabajadores permitió que el IMSS sobreviviera.
En 2018 con la 4ª Transformación, el IMSS ha quedado casi intacto, cuando requiere una transformación estructural. Se debe atender el rezago en materia de cobertura: el neoliberalismo provocó que muy pocos trabajadores formales cotizaran en el IMSS, esto hace que la base que sostiene financieramente al instituto sea muy pequeña comparada con la población nacional. Durante el neoliberalismo prácticamente se detuvo la construcción de nuevos hospitales, ni hablar de centros de alta especialización de tercer nivel que se mantuvo estancado. El déficit de profesionales y especialistas creció en el neoliberalismo, hoy se requieren al menos 100 mil plazas para igualar las tasas de países de igual desarrollo y al menos 200 mil plazas para llegar a los niveles de Dinamarca o Noruega.
Hoy, como en los años oscuros del neoliberalismo, los trabajadores del IMSS han levantado las banderas de lucha, pero ahora lo deben hacer contra un sindicato que ha traicionado a las mayorías. Sería un error pensar que la Cuarta Transformación llegará a todos lados de forma inercial, es obligación de todos nosotros llevar esa transformación hasta nuestros espacios y los trabajadores del IMSS lo están entendiendo. Por ello todos debemos actuar en consecuencia, explicar lo que está sucediendo, no dividir el movimiento, no es contra el proceso revolucionario que hoy vivimos, al contrario, este movimiento deberá renovar las bases y las dirigencias. Salgamos a las calles a marchar junto a los trabajadores del IMSS.
*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras
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