En el Día Internacional de la No Violencia, la capital poblana enfrenta una realidad marcada por robos, asaltos, homicidios y hechos de alto impacto, mientras la percepción de inseguridad permanece elevada.
La capital pasó, en pocos años, de ser considerada una ciudad relativamente tranquila a convivir cotidianamente con asaltos, robos, homicidios y otros hechos violentos que han terminado por formar parte del paisaje urbano.
La preocupación no radica únicamente en los delitos registrados oficialmente, sino también en aquellos que no se denuncian y en la manera en que la población ha comenzado a modificar sus hábitos por temor.
En el municipio de Puebla se contabilizaron 35,509 delitos durante 2025, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), frente a los 32,045 registrados en 2024; esto representa un incremento de 10.8 %, el robo concentró 15, 640 denuncias, prácticamente la mitad del total.
La dimensión del problema también aparece en las encuestas de percepción y victimización. La ENVIPE 2026 del Inegi ubicó a Puebla entre las entidades con mayor tasa de victimización, mientras que 82.4 % de la población manifestó sentirse insegura en el estado.
A ello se suma una elevada cifra negra: la encuesta estima que 93.1 % de los delitos no se denuncia o no deriva en una carpeta de investigación, por lo que las estadísticas oficiales representan solamente una parte del fenómeno delictivo.
La violencia que afecta la vida cotidiana tampoco se limita a los delitos de alto impacto. Entre enero y agosto de 2026, los registros de robo de motocicletas en la capital aumentaron respecto al mismo periodo de 2025, con 857 carpetas de investigación frente a 793, de acuerdo con información difundida a partir de datos oficiales.
Los robos de vehículos y los asaltos en la vía pública, a usuarios de servicios financieros y a transportistas forman parte también de los delitos que mantienen en alerta a la población.
A esta problemática se suman hechos particularmente violentos que han sacudido a Puebla y su zona metropolitana. Durante 2025 y 2026 se han reportado hallazgos de cuerpos abandonados o embolsados en distintos puntos de la capital y municipios conurbados.
En algunos casos, las autoridades han informado sobre posibles vínculos con disputas entre grupos delictivos, aunque cada hecho requiere una investigación particular para determinar responsabilidades y móviles.
El Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal 2026 reportó que durante 2025 se iniciaron 82,122 carpetas de investigación en Puebla y que solamente una proporción de ellas llegó a una imputación, reflejo de las dificultades que enfrenta el sistema de justicia para llevar los casos hasta una etapa judicial.
En este contexto, las autoridades pueden destacar reducciones en determinados delitos, pero esos indicadores deben analizarse junto con el conjunto de las estadísticas, la cifra negra y la percepción ciudadana; una disminución en un delito específico no necesariamente significa que la violencia haya dejado de ser un problema generalizado.
El resultado es una ciudad en la que el miedo también modifica la vida cotidiana: personas que evitan salir de noche, familias que restringen la movilidad de sus hijos y ciudadanos que consideran determinados espacios, como cajeros, calles solitarias o algunas zonas del transporte público, como lugares de riesgo.