Hace apenas unos días, José Chedraui aún se escondía detrás de la frase cómoda: “no son tiempos para pensar en la reelección”, su “prioridad”, repetía con tono solemne, era trabajar por la ciudad.
“No estamos en ese tema”, contestaba todavía la semana pasada, pero este domingo, sin sonrojo, declaró que pedirá licencia al Cabildo para competir por la alcaldía de Puebla en 2027. Tan pronto como Morena diga “ahora”, se separará del cargo.
El giro no es un simple cambio de opinión, es un descaro. Durante meses se negó a hablar de reelección, agradeció “respaldos”, pero cerró la puerta con la misma frase: “no son tiempos”; no obstante, ahora que se acerca el proceso interno del partido, la prioridad mágicamente desaparece: la ciudad puede esperar; la candidatura no.
En dos años como presidente municipal, Chedraui ha construido un discurso perfecto de víctima: heredó un “hoyo financiero", cientos de miles de baches, calles destruidas e inseguridad, culpando siempre a los panistas y, con ese pretexto, ha justificado casi todo, mientras tanto, los resultados reales brillan por su ausencia o por su mediocridad.
Presume haber tapado cientos de miles de baches, pero la gente sigue rodando por los mismos hoyos. Invirtió cientos de millones y pidió un crédito de 440 millones más para pavimentar… y aun así solo alcanzará, según sus propias proyecciones, una fracción de las calles necesarias.
Los baches reaparecen, las obras se deshacen con la lluvia y las quejas vecinales no cesan, el “programa histórico” de calles nuevas se traduce en promesas diluidas y en una deuda que se pagará, convenientemente, justo después de las elecciones de 2027.
En seguridad, las cifras oficiales de reducción de algunos delitos se estrechan contra la realidad cotidiana, colonias que siguen sin patrullaje efectivo, percepción de inseguridad alta y episodios que evidencian que el Ayuntamiento sigue rebasado.
Los servicios públicos como alumbrado, limpia y recolección siguen generando el mismo reclamo que Chedraui usaba contra sus antecesores; la diferencia es que ahora él es el responsable y el pretexto del “legado” ya no alcanza.
Las encuestas que lo muestran con aprobación, no ocultan el hartazgo en las calles. Mientras el alcalde se prepara para pedir licencia y hacer campaña, miles de poblanos siguen enfrentando diariamente los mismos problemas que prometió resolver, no hay transformación profunda.
La administración municipal es negativa, hay deuda nueva y un cinismo desmedido, por lo que surge esta pregunta: ¿qué le hace pensar a Chedraui que los poblanos lo quieren otros tres años?
Pedir licencia para reelegirse con esta lista de pendientes no es ambición legítima, es la confesión de que gobernar nunca fue la verdadera prioridad, fue solo el tránsito necesario hasta llegar al siguiente ciclo electoral. Puebla sigue esperando resultados, pero Chedraui ya está pensando en la campaña.