Pirotecnia mortal: Puebla también carga una historia de tragedias por pólvora

Pirotecnia mortal: Puebla también carga una historia de tragedias por pólvora

Foto: Enfoque

La explosión en la noche de este sábado en Santa María Canchesdá, municipio de Temascalcingo, Estado de México, volvió a exhibir el riesgo que representa el almacenamiento y manejo de pólvora durante fiestas patronales. 

 

El estallido de material pirotécnico almacenado en una bodega del inmueble parroquial provocó el derrumbe de una losa y una barda, con un saldo de al menos 10 personas muertas y decenas de heridas.

 

El caso recuerda que Puebla tampoco es ajeno a las tragedias relacionadas con cohetes, pólvora y juegos pirotécnicos. Uno de los episodios más mortíferos ocurrió el 8 de mayo de 2017 en la comunidad de San Isidro, municipio de Chilchotla, donde una explosión durante los preparativos de una fiesta patronal dejó 14 personas fallecidas, entre ellas 11 menores de edad. 

 

El material pirotécnico estaba almacenado en una vivienda cuando un cohete cayó en el lugar y provocó la detonación.

 

Otra tragedia ocurrió el 6 de diciembre de 2021 en Santiago Tenango, municipio de General Felipe Ángeles, donde la explosión de un taller de pirotecnia cobró la vida de siete personas y dejó 11 lesionados; el estallido destruyó prácticamente por completo el inmueble donde se fabricaba el material y ocasionó daños en viviendas y vehículos cercanos.

 

En Guadalupe Sarabia, Tepeyahualco, el 13 de diciembre de 2023, una bodega de pirotecnia explotó durante una feria patronal, el accidente dejó tres personas muertas y más de 30 heridas, entre ellas un integrante de la agrupación Jorge Domínguez y Súper Class

 

A nivel nacional, una de las peores tragedias ocurrió en Celaya, Guanajuato, el 26 de septiembre de 1999, en el llamado Domingo Negro, donde una enorme cantidad de pólvora y juegos pirotécnicos almacenados de manera irregular provocó una cadena de explosiones cerca de la Central de Abastos. 

 

El saldo fue de alrededor de 70 muertos y más de 350 heridos, convirtiéndola en una de las catástrofes relacionadas con pirotecnia más graves registradas en México.

 

Otro de los episodios más recordados ocurrió el 20 de diciembre de 2016 en el mercado de San Pablito, Tultepec, Estado de México, donde varias explosiones arrasaron con el principal mercado de pirotecnia del país, el siniestro dejó 42 personas muertas y decenas de heridos. 

 

Dos años después, el 5 de julio de 2018, otra explosión en talleres de la zona de La Saucera, también en Tultepec, provocó 24 muertos y cerca de medio centenar de personas heridas.

 

La lista de tragedias incluye además accidentes ocurridos durante celebraciones religiosas, fiestas patronales y temporadas como Navidad y Año Nuevo. En muchos casos, el problema no es solamente el uso del cohete, sino el almacenamiento de grandes cantidades de pólvora en viviendas, bodegas, vehículos o espacios que no cuentan con las condiciones de seguridad necesarias. 

 

Cuando ocurre una detonación, el material puede generar explosiones en cadena y convertir un accidente aparentemente menor en una tragedia.

 

Pero si los riesgos son conocidos, ¿por qué se continúa utilizando? La respuesta combina tradición, religión, economía y falta de cumplimiento de las normas; en numerosas comunidades mexicanas, los cohetes y castillos forman parte de las fiestas patronales y de las celebraciones patrias; representan una tradición transmitida durante generaciones y son utilizados para anunciar procesiones, misas y festividades.

 

 

 

A esto se suma el factor económico, la fabricación y comercialización de pirotecnia representa el sustento de miles de familias, particularmente en comunidades donde esta actividad artesanal forma parte de la economía local. Por ello, una prohibición absoluta no necesariamente elimina el problema: puede desplazar la producción y almacenamiento hacia la clandestinidad, donde aumentan los riesgos.

 

México cuenta con regulación federal para la fabricación, almacenamiento, transporte y comercialización de explosivos y pirotecnia, además de disposiciones de Protección Civil; sin embargo, la existencia de una norma no garantiza su cumplimiento. 

 

La falta de supervisión, los permisos irregulares, el almacenamiento doméstico y la costumbre de guardar pólvora cerca de zonas habitadas mantienen vigente un peligro que reaparece cada año.

 

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