De la nalgada al diálogo: el debate que rodea a la crianza respetuosa

De la nalgada al diálogo: el debate que rodea a la crianza respetuosa

Foto: Magnific

Este 2 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Crianza Respetuosa, una fecha que busca poner en el centro la relación entre madres, padres, cuidadores y niñas y niños, bajo principios como el amor, el respeto, la empatía y la igualdad.  

 

La efeméride coincide con el aniversario de la muerte de John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista considerado uno de los principales impulsores de la teoría del apego. 

 

La celebración llega en medio de un debate que divide opiniones: mientras sus defensores consideran que este modelo favorece un desarrollo emocional más saludable, sus críticos advierten que puede confundirse con permisividad y producir menores sin límites.  

 

Sin embargo, especialistas y organizaciones que promueven este enfoque sostienen que crianza respetuosa no significa dejar que los hijos hagan lo que quieran, la principal diferencia con la crianza de generaciones anteriores está precisamente en la manera de establecer límites.  

 

Mientras el modelo autoritario recurría con frecuencia al “porque lo digo yo”, los gritos, las amenazas, la humillación o incluso la “nalgada” como mecanismos para conseguir obediencia inmediata, la crianza respetuosa propone mantener reglas claras y firmes, pero sin recurrir a la violencia física o psicológica. 

 

Validar las emociones tampoco significa aprobar cualquier comportamiento, un niño puede estar enojado, frustrado o triste y tener derecho a expresar esas emociones, pero eso no elimina los límites.  

 

La diferencia está en que el adulto busca acompañar lo que el menor siente y, al mismo tiempo, explicar qué conducta es aceptable y cuál no

 

Otro elemento fundamental es sustituir el castigo punitivo por consecuencias naturales o lógicas; en lugar de enseñar mediante el miedo a recibir un golpe o un regaño, se busca que niñas y niños comprendan progresivamente las razones de las reglas y las consecuencias de sus decisiones, el objetivo es favorecer la autorregulación y la responsabilidad, no únicamente obtener obediencia momentánea. 

 

La evidencia científica también ha cuestionado la idea de que una nalgada “soluciona todo”, organizaciones pediátricas como la American Academy of Pediatrics desaconsejan el castigo corporal y las prácticas disciplinarias que implican golpes, humillaciones o amenazas; diversas investigaciones han relacionado el castigo físico con mayores niveles de agresividad, dificultades en la relación entre padres e hijos y otros efectos negativos en el desarrollo emocional. 

 

De acuerdo con UNICEF, alrededor de seis de cada 10 niñas y niños menores de cinco años en el mundo son sometidos habitualmente a castigos físicos o agresiones psicológicas en el hogar; la cifra refleja que, pese a los cambios en la concepción de la infancia y los derechos de los menores, las prácticas violentas todavía forman parte de la educación cotidiana de millones de familias. 

 

Pero ¿la crianza respetuosa significa ser demasiado permisivo?  

 

No, la crianza permisiva se caracteriza por límites ausentes o inconsistentes, mientras que el enfoque respetuoso plantea una combinación de afecto y estructura, ser amable y firme al mismo tiempo. 

 

Ahí se encuentra la diferencia esencial con la crianza de “antes”, no se trata de eliminar la autoridad de madres y padres, sino de transformar la manera de ejercerla. El adulto continúa teniendo la responsabilidad de proteger, orientar y establecer reglas, pero procura hacerlo sin miedo, golpes, insultos o descalificaciones. 

 

La discusión también plantea un cambio de paradigma, durante generaciones se asumió que un niño obedecía porque debía temer al adulto; hoy, la crianza respetuosa busca que las normas puedan interiorizarse mediante el vínculo, la comprensión y la consistencia, el “no” sigue existiendo, pero deja de estar acompañado necesariamente por violencia. 

 

La crianza respetuosa no plantea una educación sin disciplina, propone una disciplina diferente: con límites claros, consecuencias coherentes, empatía y respeto; en otras palabras, el cambio no está en pasar de la autoridad a la ausencia de reglas, sino de una autoridad basada en el miedo a una que busca educar desde el vínculo y la responsabilidad. 

 

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