Enrique Peña Nieto dijo en alguna ocasión que, como Presidente de la República, no se despertaba por las mañanas pensando en cómo joder a México.
La señora Claudia Sheinbaum, en cambio, se levanta de la cama con puras ocurrencias –“pensamiento o idea inesperada, dicho agudo u original que surge en la imaginación”, según la RAE-- que, lamentablemente terminan mal parchando el texto constitucional… y jodiendo al Estado de Derecho.
La más reciente de esas “ocurrencias” calentó inesperadamente su cabeza fría en una de sus mentiñeras, justo cuando atacaba acremente al exgobernador tamaulipeco Francisco Javier García Cabeza de Vaca, al recordar “en un de repente” que el panista ostenta doble nacionalidad.
Acto seguido, en un acto de acelere mentiñero, doña Claudia dijo desde el tapanquito del Salón Tesorería de Palacio Nacional que preguntaría a Luisa María Alcalde --¡imagínese a quién!-- si en la Constitución habría algún artículo con alguna prohibición expresa para que, quienes estuvieran en una condición similar a la del exmandatario tamaulipeco pudiesen ser o no gobernadores y hasta presidentes de nuestro país.
Obvio que existe. Cualquier estudiante preparatoriano que --como el escribidor en su momento-- haya cursado Nociones de Derecho Positivo Mexicano lo sabe. Pero en el caso de la inquilina de AMLO en Palacio Nacional ella no tenía ni la más remota idea.
Por lo que sucedió después supongo que la señora Alcalde hizo “cara de what? al escuchar la solicitud de su jefa formal –el real es quien aparentemente ya no se oculta en Casa “La Chingada”.
A lo que habrían seguido consultas con el asesor Arturo Zaldívar del que usted seguramente se acuerda por haberse lanzado al océano del desprestigio cuando renunció a su ministerio en la Corte para sumarse como palero a la campaña de Sheinbaum.
Y ya entre él y Luisa María habrían explicado en “público de la gente” que hace las veces de auditorio aplaudidor en las mentiñeras que sí, que tener doble nacionalidad y aspirar a un cargo de elección está prohibido en la Carta Magna.
Pues ¿qué no se acuerdan de que en 2018 se armó una escandalera cuando Napoleón Napito Gómez Urrutia accedió al Senado aun y cuando también es ciudadano canadiense y no renunció a esa nacionalidad?
¿Y Jaime Bonilla, quien incluso ha sido funcionario en administraciones locales de California, USA, y que fuera impulsado por AMLO para gobernar un bienio a los bajacalifornianos?
Puras “ocurrencias” que, repito, en un tris calientan la cabeza fría de doña Claudia y que, por desgracia, terminan llenando de parches innecesarios a nuestra Constitución.
¿Qué sigue, señora? ¿Cuál será su siguiente ocurrencia?
¿Acaso que para aspirar a un cargo de elección uno de los requisitos sea tener un apellido náhuatl como Xicoténcatl, Tepetl, Popoca, Coyotl, Aca, Cotzomi? ¿O de origen maya como Balam, Canul, Chan, Ek o Noh?
¡Puras ocurrencias!
AMLO: Sahumerios y danzantes en taparrabo
En buena medida por la (mala) influencia que sobre el poderoso AMLO ejercía su actual cónyuge, Beatriz Gutiérrez, desde que Morena empezó a acaparar todos los poderes de gobierno, los guindas han promovido la recuperación y el reconocimiento de la cultura autóctona como un eje central de su proyecto de nación. No está mal, siempre y cuando no hubiesen desdeñado nuestra herencia hispana, tan valiosa como la indígena.
Recuerde usted a AMLO en el Zócalo, el primer día de su mandato, entre humos de copal rodeado de danzantes en taparrabo.
Luego a su regente en CDMX, la señora Sheinbaum, retirando el monumento a Cristóbal Colón de una de las glorietas del Paseo de la Reforma, y cambiando los nombres de la avenida Puente de Alvarado y del ahuehuete que simbolizaba a La Noche Triste… hasta recientemente cuando –otra ocurrencia-- dictatorialmente impuso la denominación “de los pueblos indígenas” al tradicional Paso de Cortés.
Y, claro, al mismo tiempo la retahíla de parches a la legislación –que no se acata-- como la reforma constitucional de Pueblos Indígenas que proclama el reconocimiento de las comunidades como sujetos de derecho público con libre determinación y autonomía jurídica… la prioridad de entrega de apoyos económicos a familias indígenas… la creación de planes de desarrollo específicos para restituir tierras, agua y dignidad, destacando el Plan de Justicia del Pueblo Yaqui…
financiamiento directo a los municipios de usos y costumbres para la construcción de caminos artesanales de concreto… la aprobación de leyes federales para proteger la propiedad intelectual de los diseños textiles frente al plagio de marcas extranjeras, entre otros.
Y lo más visible. Que desde 2018 pareciera ser requisito que los morenistas se vistan como si fueran a participar en un baile regional durante un festival escolar celebratorio del Día de las Madres: Blusas y camisas con bordados o estampados que se asemejan a nuestras artesanías ya les son características.
Tal y como las ya olvidadas guayaberas en los tiempos presidenciales de Luis Echeverría… también serán moda pasajera, ¡gracias a Dior!
Indicios
México no necesariamente era mejor gobernado cuando los presidentes eran abogados, pero existía un mayor apego formal a las formas jurídicas y al aparato legal del Estado. El desplazamiento de los juristas comenzó con Miguel de la Madrid, economista… y de ahí pa’l real hasta llegar a una mujer que dice ser científica. La formación de los presidentes egresados de la Facultad de Derecho de la UNAM servía para legitimar decisiones políticas mediante el uso de leyes, decretos y el marco constitucional existente. Su dominio de las leyes, empero, no impedía la corrupción ni el autoritarismo, sino que a menudo servía para encubrirlos bajo una fachada de legalidad. La llegada de gobernantes con otras profesiones (economistas, ingenieros, pasantes de ciencias políticas o egresados de la Facultad de Ciencias de la Máxima Casa de Estudios que dedicaban más tiempo a acudir a mítines, marchas y manifestaciones modificó el estilo de gobernar, priorizando criterios técnicos, pragmáticos o de movilización social por encima de la retórica legalista tradicional. * * * Las que fueran “benditas” y ahora los cuatroteros consideran que son “malditas” redes sociales han hecho eco de las ocurrencias de quien insiste en llamar “Presidente” a López Obrador. En uno de esos posts se lee: “Claudia Sheibaum no tiene una gota de sangre mexicana en sus venas; no tiene un solo antepasado que haya sido mexicano. No es de origen indígena, no tiene raíces con México. Habla de la doble nacionalidad pero ella ni siquiera es mexicana.” * * * Como siempre, agradezco a usted que haya leído este Índice Político y le deseo ¡buenas gracias y muchos, muchos días!
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