El robo de transporte de carga en México es un fenómeno en constante movimiento. No solo cambia de intensidad de un trimestre a otro, sino que también cambia de dirección: un corredor que hace un año se movía con relativa tranquilidad puede convertirse en un punto de atención, y viceversa. El más reciente reporte de robo de carga de Overhaul Q2, muestra precisamente eso: un mapa que se redibuja y, con él, la necesidad de que quienes planifican rutas y coberturas lo consulten con la misma frecuencia con que cambia.
La incidencia se desplaza del Centro al Bajío
La región Centro, históricamente la de mayor incidencia, cayó ocho puntos porcentuales frente al mismo periodo de 2025. En el mismo periodo, el Bajío creció cinco. El problema no se ha reducido, sino que se ha desplazado en el mapa.
Aun así, ambas regiones siguen concentrando la mayor parte del riesgo, con el 46% de los incidentes en el Centro y el 31% en el Bajío. Para una empresa con operaciones en el corredor del Bajío, ese aumento no es un detalle estadístico, sino una exposición que quizá no se había tenido en cuenta en la planificación del año.
Diez estados concentran casi todo el riesgo
La concentración geográfica es marcada: diez entidades concentraron el 86.3% de los robos de carga a nivel nacional y solo tres (Estado de México, con el 18.0%; Puebla, con el 17.9%, y Guanajuato, con el 10.8%) sumaron casi la mitad del total.
Puebla registró la disminución más pronunciada del periodo, mientras que Guanajuato, San Luis Potosí y Veracruz mostraron los incrementos más significativos. Estas variaciones reflejan la importancia de analizar al país tanto en su conjunto como desde una perspectiva estatal, reconociendo que cada entidad avanza a un ritmo distinto.
El robo tiene días y horarios
Si la geografía marca el dónde, el calendario marca el cuándo, y en el segundo trimestre de 2026 el patrón fue claro: el 85% de los incidentes ocurrieron en días laborables, con la mayor concentración de martes a viernes.
En el reloj, la ventana nocturna, de 18:00 a 24:00, se mantuvo como la de mayor riesgo y ganó tres puntos porcentuales respecto al año anterior. Al examinar más de cerca la actividad, se observa que se concentra en dos ventanas: el arranque de la noche, entre las 18:00 y las 22:00, y la madrugada, entre las 03:00 y las 07:00. Son las horas en que la unidad viaja con menos apoyo alrededor y también en las que la decisión de a qué hora sale un embarque deja de ser logística para volverse preventiva.
Cuando el dato se vuelve decisión
El desplazamiento del centro al Bajío, la concentración en un puñado de estados y la carga de riesgo en ciertas horas revelan la existencia de grupos delictivos que ajustan su operación con rapidez.
En la práctica, esto significa que las empresas deben dejar de planificar basándose en la media nacional y hacerlo a partir del patrón específico de cada corredor y de cada franja horaria. Programar rutas según la geografía del riesgo, mover los embarques a las horas de menor exposición y operar con visibilidad en tiempo real ya no sólo son buenas prácticas, sino un requisito indispensable. Analizar el riesgo no lo elimina, pero sí lo vuelve anticipable, y ahí es cuando se marca la diferencia entre asumir un incidente y evitarlo.