La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta limitada a responder preguntas para pasar a intervenir en tareas científicas, médicas, educativas, laborales e incluso bélicas con un alcance que abre debate en torno a las reglas internacionales sobre esta tecnología.
Sin embargo, la tarea no solo carece de fuerte consenso, sino que además, de acuerdo con el informe preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial de la ONU, la gobernanza actual no avanza al mismo ritmo que las capacidades de la IA.
El informe señala que ciertas tareas de programación realizadas por los sistemas más avanzados se duplicaron en extensión cada cuatro a siete meses, una velocidad difícil de acompañar desde los marcos regulatorios tradicionales. Ese salto puede traer beneficios económicos y científicos, pero también abre preguntas sobre otros escenarios como los mercados laborales, la ciberseguridad, la información pública y el control técnico.
Beneficios
La IA ya muestra resultados en campos donde el impacto puede ser directo para millones de personas. En ciencia, AlphaFold predijo las estructuras de más de 200 millones de proteínas, usadas por más de 3 millones de investigadores. También aceleró tareas vinculadas con diseño de fármacos, vacunas y estudios sobre resistencia a los antibióticos.
En salud, el informe menciona el uso de IA para detectar cáncer de mama en fases más tempranas. También registra herramientas adaptadas a idiomas locales para apoyar a personal sanitario en entornos con menos recursos.
Empleos
Otro aspecto que trata el documento es el impacto laboral de la IA en la sociedad. De acuerdo con el plantel, el efecto dependerá de las decisiones que acompañen su adopción. El panel advierte que la tecnología puede abrir empleos todavía inexistentes si los países invierten en habilidades, infraestructura, nuevas formas de trabajo e instituciones laborales. Sin esas medidas, el avance de la IA podría ampliar desigualdades, desplazar trabajadores y concentrar la riqueza, en lugar de generar empleos sostenibles, con remuneración justa y autonomía para quienes los ocupen.
Desigualdad
La adopción global muestra una brecha marcada. "A nivel mundial, más de 1.000 millones de personas utilizan actualmente la IA conversacional cada semana", señala el texto. El uso crece, pero el acceso a infraestructura, modelos avanzados, datos y capacidad técnica sigue concentrado.
Estados Unidos reúne alrededor del 75% de la potencia computacional de las 500 supercomputadoras de IA más potentes, mientras China representa cerca del 15%. Esa distribución deja a numerosos países dependiendo de tecnologías que no pueden crear, inspeccionar, auditar ni adaptar plenamente a sus realidades locales.
El informe indica que esa concentración puede traer graves consecuencias. "La concentración de las capacidades de IA en un reducido número de empresas y países podría facilitar la injerencia de regímenes autoritarios y socavar la rendición de cuentas democrática", subraya el documento.
Riesgos que ya aparecen en el uso cotidiano
La expansión de la IA también abrió riesgos concretos en seguridad, derechos humanos e información pública. El informe menciona material de abuso sexual infantil generado por IA, ultrafalsificaciones sexuales, ciberataques, fraudes y contenidos diseñados para engañar a gran escala.
El documento advierte además sobre sistemas capaces de reforzar creencias perjudiciales en usuarios vulnerables. En ese punto, señala que ese comportamiento "se ha relacionado con varios incidentes graves de salud mental, incluidas muertes documentadas".
La regulación global entra en una carrera contra el tiempo
El panel advierte que los gobiernos enfrentan un dilema difícil: necesitan evidencia para regular, pero la evidencia suele llegar después del avance tecnológico. "No existen métodos fiables para mantener el control sobre sistemas de IA altamente autónomos", afirman.
El texto también indica que ya circulan decenas de instrumentos de gobernanza en distintas jurisdicciones, aunque permanecen fragmentados y con evaluaciones independientes todavía insuficientes. Muchas revisiones de seguridad dependen de las propias empresas desarrolladoras, lo cual limita la capacidad pública para medir riesgos.
Ante este panorama, la ONU propone una arquitectura internacional para que los Estados tomen decisiones informadas sobre IA. Esta discusión debe partir de una base científica compartida, capaz de orientar decisiones públicas antes de que los riesgos superen la capacidad de respuesta de los gobiernos. El panel plantea que la cooperación entre países debe incluir evaluaciones independientes, estándares comunes y mayor inversión en capacidades nacionales para crear, inspeccionar, auditar y adaptar sistemas de IA.