La visita de BTS a Palacio Nacional y los tres conciertos agotados que ofrecerá en México los días 7, 9 y 10 de mayo marcaron uno de los momentos más visibles del auge de la cultura surcoreana en México, un fenómeno que comenzó hace más de dos décadas y que hoy impacta la música, el consumo, la gastronomía y la vida cotidiana de millones de jóvenes.
Decenas de miles de seguidores, conocidos como ARMY, abarrotaron el zócalo capitalino para ver a sus ídolos durante unos minutos desde un balcón de Palacio Nacional junto a la presidenta Claudia Sheinbaum, reflejando el poder de convocatoria que el grupo tiene en el país.
Sin embargo, la llamada “ola coreana” o Hallyu no inició con el K-pop, sus primeros acercamientos en México ocurrieron alrededor de 2002, cuando comenzaron a transmitirse dramas coreanos en televisión pública; producciones como "Escalera al cielo" despertaron el interés de audiencias mexicanas y abrieron la puerta al consumo de contenidos asiáticos.
Años después, el K-pop comenzó a ganar terreno, el primer concierto del género en México fue el del cantante Xia Junsu en 2012 y, desde entonces, el crecimiento ha sido constante hasta convertir a México en uno de los mercados más importantes del género en América Latina.
El fenómeno se aceleró con la expansión global de BTS y éxitos como Dynamite, y durante la pandemia plataformas como YouTube, TikTok y Spotify impulsaron aún más el consumo de música y contenidos coreanos entre jóvenes mexicanos.
Actualmente, la Ciudad de México figura entre las ciudades que más escuchan a BTS a nivel mundial y el K-pop registra un crecimiento de más de 500 % en reproducciones dentro de Spotify México.
Pero la influencia coreana ya no se limita a los escenarios, en la Zona Rosa de la Ciudad de México se consolidó un corredor comercial asociado a la cultura surcoreana, con restaurantes especializados, supermercados asiáticos, tiendas de cosméticos, productos de skincare y mercancía relacionada con grupos de K-pop.
El auge también impulsó academias de baile, festivales de cover dance, bazares temáticos y comunidades organizadas de fans que mantienen una intensa actividad en redes sociales.
De acuerdo con datos del Centro Cultural Coreano en México, millones de personas participan en actividades relacionadas con la cultura coreana y una parte importante pertenece al fandom de BTS.
Especialistas consideran que el fenómeno ha encontrado eco entre los jóvenes mexicanos porque ofrece un sentido de pertenencia, identidad colectiva y entretenimiento que combina música, moda y disciplina artística.
Además de su impacto social, la expansión del K-pop representa un importante movimiento económico: conciertos masivos, proyecciones especiales en cines, venta de mercancía oficial y consumo de productos coreanos generan derrama económica en distintos sectores.
La industria cultural de Corea del Sur ha impulsado estratégicamente la exportación de contenidos como una forma de diplomacia cultural, mientras que plataformas digitales facilitaron el acceso global a la música, los dramas y la estética coreana.
Junto a BTS, agrupaciones como Blackpink y Stray Kids han contribuido a fortalecer el fenómeno en México.
Es un hecho que la presencia del grupo surcoreano en actos oficiales y la respuesta masiva de sus seguidores muestran que la “fiebre coreana” dejó de ser una moda pasajera para convertirse en un fenómeno cultural consolidado que sigue expandiéndose en el país.