Salud mental materna: una mujer siempre feliz contrasta con la realidad de muchas madres

Salud mental materna: una mujer siempre feliz contrasta con la realidad de muchas madres

Foto: Magnific

En el marco del Día Internacional de la Salud Mental Materna, que se conmemora el primer miércoles de mayo, especialistas y organizaciones internacionales hacen un llamado a visibilizar y atender los trastornos mentales perinatales, que afectan a una de cada cinco mujeres durante el embarazo o el primer año después del parto.
 

Lejos de tratarse de cambios hormonales pasajeros o signos de debilidad, estos padecimientos son complicaciones médicas reales, frecuentes y tratables, que en muchos casos se agravan por factores sociales, culturales y la falta de redes de apoyo.

 

Los llamados trastornos perinatales del estado de ánimo y ansiedad (PMADs, por sus siglas en inglés) constituyen la complicación más común del embarazo y el parto; dentro de este grupo se encuentran diversas condiciones.

 

La más frecuente es la llamada tristeza posparto o “baby blues”, que puede afectar hasta al 85 % de las madres primerizas. Se manifiesta con cambios de humor, llanto, ansiedad y agotamiento, pero suele resolverse por sí sola en un lapso de dos semanas.

 

En contraste, la depresión perinatal, que puede aparecer durante el embarazo o después del parto, afecta entre el 10 y el 20 % de las mujeres. 

 

En México, se estima una prevalencia de entre 9 y 14 % durante el embarazo y de 6.6 a 24.6 % en el posparto, y sus síntomas incluyen tristeza persistente, pérdida de interés, culpa, alteraciones en el sueño o apetito, irritabilidad y, en casos graves, pensamientos de autolesión.

 

La ansiedad perinatal también es común, con una incidencia de hasta 17 % en el posparto, se caracteriza por preocupación excesiva, miedo constante por la seguridad del bebé y, en algunos casos, ataques de pánico.

 

Otros trastornos menos visibilizados incluyen el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) posparto, presente en entre 3 y 5 % de las madres primerizas, que se manifiesta con pensamientos intrusivos que generan angustia.

 

También el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) posparto, asociado a experiencias de parto traumáticas, y la psicosis posparto, una condición poco frecuente pero grave que requiere atención médica inmediata.

 

Entre los principales factores de riesgo se encuentran antecedentes personales o familiares de trastornos mentales, cambios hormonales abruptos, complicaciones durante el parto, aislamiento social y falta de apoyo, así como presiones socioculturales.

 

Especialistas advierten que uno de los principales obstáculos para la detección y tratamiento es el ideal de la “madre perfecta”, reforzado por normas sociales y redes digitales. 

 

Esta imagen, de una mujer siempre feliz, paciente y plena, contrasta con la realidad de muchas madres, que enfrentan fatiga extrema, cambios emocionales, miedo y una profunda transformación personal.

 

Esta brecha puede generar culpa, sensación de fracaso e incluso aislamiento, lo que retrasa la búsqueda de ayuda. Se estima que sólo alrededor del 40 % de las mujeres que presentan estos trastornos recibe atención profesional.

 

Ante este panorama, organismos internacionales y autoridades de salud subrayan que la salud mental materna debe ser considerada una prioridad de salud pública, ya que impacta no solo en el bienestar de la madre, sino también en el desarrollo del bebé y la dinámica familiar.

 

Entre las señales de alerta que requieren atención inmediata están síntomas que persisten más de dos semanas, dificultad para cuidar al bebé, insomnio severo o pensamientos de daño hacia sí misma o hacia el recién nacido.

 

Los tratamientos disponibles incluyen terapia psicológica, como la cognitivo-conductual, redes de apoyo, descanso adecuado y, cuando es necesario, medicación segura supervisada por profesionales de la salud.

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