Fundado en 1957, el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (CENHCH) fue durante décadas uno de los emblemas de la educación pública en Puebla.
Con miles de alumnos en preescolar, primaria, secundaria y bachillerato, se distinguía por su férrea disciplina, rigurosa formación de valores y alto nivel académico. Muchos la comparaban con el Club América del futbol: admirada por unos, criticada por otros, pero respetada como institución emblemática.
Hoy, ese legado se desdibuja ante una realidad marcada por violencia, amenazas, acusaciones de acoso, bullying y una percepción generalizada de deterioro que la ha llevado a ser calificada por algunos como una institución “chafa”.
Concebido como una opción formativa integral en una ciudad en expansión, el plantel forjó generaciones con identidad y prestigio académico; sin embargo, en los últimos años, una serie de incidentes ha encendido alertas sobre el deterioro en su entorno escolar, evidenciando deficiencias en disciplina, supervisión y liderazgo.
El episodio más reciente que sacudió a la comunidad ocurrió en abril de 2026, cuando mensajes escritos en baños del plantel advirtieron sobre un presunto tiroteo dirigido contra al menos cuatro docentes, principalmente de nivel medio superior.
Las amenazas, que incluían acusaciones de bullying por parte de profesores de materias como matemáticas, filosofía y lenguaje, provocaron la activación inmediata de protocolos de seguridad. Elementos de la Policía Estatal, personal de la Fiscalía General del Estado y tuvieron que entrar en acción y hasta fue necesaria la revisión con detectores de metales para resguardar a la comunidad.
Aunque posteriormente se determinó que se trató de una falsa alarma, posiblemente relacionada con un reto viral, el incidente dejó al descubierto un clima de tensión y desconfianza al interior de la institución.
A este hecho se suman reportes constantes de violencia estudiantil; entre los casos que han trascendido se encuentra la agresión de un alumno de secundaria contra una maestra, así como riñas entre estudiantes y el uso de objetos punzocortantes.
También han salido a la luz denuncias sobre consumo de alcohol dentro o en las inmediaciones del plantel, además de prácticas de acoso escolar que, según padres de familia, no han sido atendidas con la contundencia necesaria.
Las problemáticas no son nuevas, en 2021, la Secretaría de Educación Pública separó de sus funciones a 18 docentes del CENHCH por presunto acoso sexual, en un caso que marcó un penoso precedente en la institución.
Desde entonces, denuncias similares sobre conductas inapropiadas han aparecido en distintos momentos, alimentando la percepción de que hay fallas en los mecanismos de control, selección y supervisión del personal educativo. Pero sobre todo una carencia total de valores.
Padres de familia y miembros de la comunidad escolar han señalado directamente a la dirección del plantel encabezada deficientemente por José Efraín Carrasco Galeote, por lo que consideran respuestas tardías, falta de autoridad y favoritismos.
En redes sociales y espacios digitales han surgido testimonios que documentan una crisis interna caracterizada por la ausencia de medidas efectivas para contener la indisciplina en una institución que alberga a más de 6,000 alumnos, desde nivel preescolar hasta bachillerato.
El tamaño y la complejidad del CENHCH representan un desafío adicional, la convivencia de distintos niveles educativos en un mismo espacio, sumada a factores externos como la violencia social y la influencia de redes sociales, incluidos retos virales que pueden detonar conductas de riesgo, han contribuido a un entorno cada vez más difícil de gestionar.
Lo que en otros tiempos era una disciplina estricta, hoy parece haber sido sustituido por una percepción de permisividad y falta de seguimiento a las denuncias.
El descontento entre padres de familia es creciente: mientras algunos han optado por retirar a sus hijos del plantel, otros exigen la intervención directa de la SEP para restablecer el orden.
En el discurso cotidiano y en redes sociales, el prestigio del CENHCH se ha visto golpeado al grado de ser calificado como una institución “chafa”, reflejo de la pérdida de confianza que afecta tanto a alumnos, exalumnos y docentes comprometidos con su labor.
El CENHCH, coinciden voces dentro y fuera del plantel, aún no está perdido; sin embargo, su situación actual representa un punto crítico en su historia, la recuperación de su prestigio dependerá de la voluntad conjunta de autoridades, docentes, directivos y familias para atender una crisis que, de no resolverse a tiempo, podría tener consecuencias mayores.
La pregunta que permanece en el aire es si se actuará con la profundidad necesaria o si se continuará respondiendo sólo cuando la emergencia ya está encima.