Cada 20 de abril se conmemora el Día Internacional de la Marihuana, una fecha que suele asociarse al consumo recreativo, pero que también pone en el centro el potencial terapéutico de la Cannabis sativa.
Lejos de ser una “cura milagrosa”, los compuestos activos de la planta, principalmente el delta-9-tetrahidrocannabinol y el cannabidiol interactúan con el sistema endocannabinoide del organismo para aliviar síntomas de diversas condiciones crónicas.
No curan la enfermedad subyacente, pero mejoran la calidad de vida en pacientes con dolor intenso, náuseas, espasmos o convulsiones.
La marihuana medicinal se administra en formas variadas y su uso está regulado en muchos países, incluyendo México, donde se permite bajo prescripción médica desde 2017.
Uno de los usos más documentados es el manejo del dolor crónico, especialmente el de origen neuropático o inflamatorio. Estudios clínicos han demostrado que los cannabinoides pueden reducir la intensidad del dolor en pacientes con cáncer, esclerosis múltiple, fibromialgia o lesiones medulares.
En el caso de la artritis, tanto reumatoide como osteoartritis, se ha observado un efecto analgésico y antiinflamatorio leve, con mejoras en el descanso y la calidad de vida; sin embargo, la evidencia en osteoartritis aún es limitada y no concluyente, por lo que no reemplaza terapias modificadoras de la enfermedad.
Otro de los campos con mayor respaldo científico es el tratamiento de náuseas y vómitos provocados por quimioterapia, fármacos derivados del THC, como dronabinol y nabilona, han sido aprobados para pacientes que no responden a antieméticos tradicionales, mostrando eficacia comparable o superior en algunos casos, además de estimular el apetito.
En enfermedades neurológicas como la esclerosis múltiple, los cannabinoides también han demostrado beneficios, el uso de nabiximols, un aerosol con proporción equilibrada de THC y CBD, ha permitido reducir la espasticidad, los espasmos musculares y el dolor, mejorando la movilidad y el sueño, aunque sin frenar la progresión de la enfermedad.
En el ámbito de la epilepsia, el cannabidiol ha marcado un avance significativo, su presentación farmacéutica ha sido aprobada para síndromes raros y resistentes a tratamiento, como Dravet y Lennox-Gastaut, donde ha logrado disminuir la frecuencia de convulsiones como terapia complementaria.
Asimismo, el cannabis medicinal ha mostrado utilidad en la estimulación del apetito en pacientes con VIH/sida o cáncer avanzado, ayudando a mejorar el estado nutricional.
Otros usos, como en enfermedades inflamatorias intestinales, glaucoma, ansiedad o trastorno de estrés postraumático, presentan resultados prometedores, aunque todavía con evidencia limitada o mixta.
Pese a estos avances, especialistas advierten que el cannabis no está exento de riesgos, pues entre los efectos secundarios se encuentran mareos, somnolencia, alteraciones cognitivas, taquicardia y potencial de dependencia. En personas vulnerables, puede desencadenar episodios de psicosis o agravar trastornos mentales; por ello, no se recomienda su uso en menores de edad, mujeres embarazadas o personas con antecedentes psiquiátricos o cardíacos.
El consenso médico es claro, el cannabis puede ser un aliado terapéutico en ciertos contextos, pero su uso debe ser supervisado por profesionales de la salud y respaldado por evidencia clínica, la automedicación puede resultar contraproducente.