El bolsillo de millones de mexicanos enfrenta una presión constante ante el aumento de precios; en marzo de 2026, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una inflación anual de 4.59 %, impulsada principalmente por el encarecimiento de alimentos básicos como el jitomate, el pepino y el pollo. Este repunte, superior al observado en el mismo mes de 2025, impacta directamente en la economía familiar al reducir el poder adquisitivo.
Sin embargo, más allá de la inflación, especialistas advierten sobre un factor menos visible que agrava la situación: la falta de educación financiera.
La educación financiera no implica ser experto en inversiones complejas, sino contar con conocimientos y habilidades prácticas para administrar el dinero de manera responsable. De acuerdo con la CONDUSEF, se trata de un proceso que permite a las personas elaborar presupuestos, ahorrar, utilizar el crédito de forma adecuada, protegerse de fraudes y planificar su futuro económico.
En la misma línea, la OCDE la define como la combinación de conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para tomar decisiones financieras informadas y alcanzar bienestar. En términos simples, significa saber cuánto se gana, cuánto se gasta y cómo optimizar los recursos disponibles.
En México, el acceso a la educación financiera es amplio y, en su mayoría, gratuito, instituciones públicas y privadas ofrecen herramientas accesibles para la población. Entre ellas destaca la plataforma “Educa tu cartera” de la CONDUSEF, que incluye guías, materiales didácticos y recursos descargables para todas las edades.
También sobresale el Diplomado en Educación Financiera, en línea y sin costo, así como la Semana Nacional de Educación Financiera, considerada el acto más importante en la materia en América Latina.
El Banco de México, a través de “Banxico Educa”, ofrece cursos y materiales educativos, mientras que la Estrategia Nacional de Educación Financiera 2025-2030 busca incorporar estos conocimientos desde la educación básica, fortalecer habilidades digitales y fomentar el uso responsable de servicios financieros, con especial atención en sectores vulnerables.
A estas iniciativas se suman cursos gratuitos de instituciones bancarias y plataformas educativas como la UNAM y la Fundación Carlos Slim, lo que amplía las opciones de aprendizaje sin necesidad de hacer grandes inversiones económicas.
La educación financiera es útil para todas las personas, sin importar su nivel socioeconómico, sus principios, como elaborar un presupuesto, evitar gastos innecesarios, generar ahorro y elegir correctamente un crédito, aplican en cualquier contexto.
De hecho, especialistas coinciden en que quienes cuentan con menos recursos pueden beneficiarse aún más, al optimizar el uso de su ingreso y reducir riesgos como el sobreendeudamiento o los fraudes.
No obstante, los avances en el país aún son limitados, el Índice de Alfabetización Financiera en México se mantiene alrededor de 58 puntos sobre 100, lo que refleja rezagos, particularmente en hábitos y comportamientos financieros.
Autoridades coinciden en que la educación financiera debe comenzar en el hogar, iniciativas como las guías familiares de la CONDUSEF promueven el aprendizaje conjunto, desde la infancia hasta la vida adulta.
Y es que aunque la educación financiera no elimina el aumento de precios, sí permite a las familias enfrentar mejor sus efectos, cómo priorizar gastos, construir un fondo de emergencia y tomar decisiones que favorezcan la estabilidad económica a largo plazo. En palabras de la CONDUSEF, se trata de aprender a “cuidar y hacer rendir mejor el dinero” para alcanzar finanzas sanas y mayor bienestar.