Videojuegos a la pantalla grande, ¿por qué casi siempre acaba en desastre?

Videojuegos a la pantalla grande, ¿por qué casi siempre acaba en desastre?

Foto: FreePik

Aunque la saga de Mario Bros se ha consolidado como la adaptación de videojuego al cine más exitosa de la historia, no todas las producciones inspiradas en este medio han corrido con la misma suerte. 
 

Durante décadas, Hollywood ha intentado capitalizar la popularidad de los videojuegos, con resultados que, en muchos casos, han sido decepcionantes tanto en taquilla como en crítica.

 

A pesar de contar con franquicias millonarias y audiencias fieles, varias películas han quedado marcadas como ejemplos de la llamada “maldición” de las adaptaciones, caracterizada por guiones débiles, poca fidelidad al material original y decisiones creativas desconectadas del espíritu de los juegos.

 

Uno de los casos más emblemáticos es Super Mario Bros de 1993, la primera adaptación live-action del icónico videojuego de Nintendo, con un presupuesto estimado entre 42 y 48 millones de dólares, la cinta apenas recuperó su inversión en taquilla, recaudando entre 21 y 38 millones a nivel mundial. Su recepción fue mayoritariamente negativa, con críticas dirigidas a su historia confusa y a su escasa fidelidad al universo original. El fracaso fue tal que Nintendo se alejó del cine durante décadas.
 


 

En 2005, Alone in the Dark, dirigida por Uwe Boll, se convirtió en sinónimo de desastre cinematográfico. Con apenas 12.7 millones de dólares recaudados frente a un presupuesto de 20 millones, la película fue duramente criticada por su narrativa incoherente y efectos especiales deficientes. Su bajísima calificación en sitios especializados la coloca entre las peores adaptaciones de la historia.

 

 

Ese mismo año, Doom, protagonizada por Dwayne Johnson, tampoco logró convencer, aunque generó expectativas por basarse en uno de los shooters más influyentes; su recaudación global de 58 millones de dólares no fue suficiente frente a su alto presupuesto. La crítica señaló su falta de terror y un guion predecible, pese a intentar innovar con escenas en primera persona.

 

 

En 2016, Assassin’s Creed intentó posicionarse como una adaptación ambiciosa con un elenco encabezado por Michael Fassbender y Marion Cotillard. Si bien alcanzó 240 millones de dólares en taquilla mundial, sus elevados costos de producción y marketing derivaron en pérdidas millonarias. Los fans criticaron la falta de acción característica del videojuego y una narrativa excesivamente centrada en el presente.
 

 

El caso más reciente es Borderlands que pese a contar con figuras como Cate Blanchett y Jamie Lee Curtis terminó siendo uno de los mayores fracasos contemporáneos. Con una recaudación cercana a los 32 millones frente a un presupuesto superior a los 100 millones, la película fue calificada como inconsistente, con humor forzado y efectos visuales poco convincentes.

 

 

Detrás de estos tropiezos hay patrones que se repiten, guiones que priorizan la acción genérica sobre la narrativa original de los videojuegos, así como a la falta de involucramiento de creadores que comprendan el medio interactivo. 

 

A esto se suman presupuestos inflados que elevan las expectativas y el riesgo financiero; sin embargo, no todo es negativo, pues producciones recientes como Sonic the HedgehogThe Last of Us y la propia Super Mario BrosMovie han demostrado que el respeto al material original y una visión creativa clara pueden traducirse en éxito.

Notas Relacionadas