Mire usted nomás. José Chedraui, el sujeto que ocupa la silla de presidente municipal de Puebla, no sólo es el epítome de la indolencia e ineptitud; no sólo llega tarde a casi todo, incluido el despertar de la realidad, y que cuando por fin se aparece entonces lee en su celular “profundos” discursos, escritos por sirvientes tan inspirados como él.
Torpeza supina, indolencia extrema, pero eso ya lo sabíamos. Lo nuevo, lo que roza lo surrealista, es que este mismo alcalde acaba de soltar la perla del siglo: los maleantes de Normatividad y Regulación Comercial también extorsionan a los negocios del propio Chedraui. ¡No se ría!
Sí, leyó bien, el alcalde reconoció que inspectores de su propia administración le “piden lana” hasta a su familia y a sus socios. Y lo dijo como quien cuenta que no se cambió la ropa interior, con el cinismo del que asume que la corrupción es un gaje del oficio municipal, no un escándalo que debería apenar.
Acusar, o mejor dicho, confesar que los mismos que deben vigilar y normar terminan extorsionando a los comercios, incluyendo los de su clan familiar, es de una ineptitud tan monumental que, después de la carcajada, da pena ajena.
Es como si un alcaide admitiera que los reos controlan las llaves y que, de paso, le roban la cartera a él también. ¡Para Ripley! lo de este adocenado personaje.
¿Y la solución que puso este “iluminado” invididuo? Investigar a los elementos, pedir denuncias formales y, por si fuera poco, recordar a los empresarios que tengan sus permisos al día. ¡Brillante! ¡Genial! El colmo de la nulidad.
En efecto, para el “estratega” Chedraui, el problema no es que haya una cultura de extorsión incrustada en Normatividad desde hace años y acrecentada en la “época imparable”. No. El “problema” es que los negocios no denuncian lo suficiente o que no tienen los papeles en regla.
Victimizar a la víctima y lavarse las manos con una carpeta de investigación que, con suerte, terminará en la basura.Y este mismo personaje, con materia gris tan escasa que parece aplicada con gotero, coquetea con la reelección en 2027. ¡Hágame usted el favor!
Algunos obnubilados lo ven como “continuidad del proyecto”. Sí, continuidad de la mediocridad. Continuidad de la tardanza crónica, de los discursos fotocopiados, de la incapacidad para poner orden en su propia casa. Y quiere reelegirse. ¡Cuándo se ha visto tal desfachatez!
A Chedraui le queda como anillo al dedo el viejo dicho popular: “Eres más corto que las mangas de un chaleco”. Porque un chaleco, como todos sabemos, no tiene mangas. Y él, en materia de inteligencia política, gestión y sentido común, tampoco.
Puebla merece mucho más que un alcalde que llega tarde, lee mal y encima admite que ni sus propios negocios se salvan de los extorsionadores que él debería controlar. Si esto es lo mejor que tiene la “nueva normalidad” morenista en la capital, entonces prepárense, vienen años de abuso de autoridad, malversación y corrupción.
Por lo pronto, Chedraui sigue demostrando que es el epítome de la ineptitud, la muestra más acabada de un administrador chafa y el ejemplo de cuando se llega tarde a la repartición de cerebros. Ahora sí, ¡suelte la carcajada!