A seis años de la pandemia: nuevas variantes, inmunidad incompleta y otros virus en alerta

A seis años de la pandemia: nuevas variantes, inmunidad incompleta y otros virus en alerta

Foto: Freepik

Exactamente seis años después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara, el 11 de marzo, al COVID-19 como pandemia, el virus ha pasado de ocupar el centro del debate público a convertirse en un tema secundario en la agenda internacional.

 

Sin embargo, la enfermedad no ha desaparecido, nuevas variantes continúan circulando, las infecciones siguen registrándose en distintos países y los especialistas advierten que el SARS-CoV-2 se ha convertido en un virus endémico que seguirá presente en los próximos años.

 

Diversos análisis de organismos como la OMS, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y centros de investigación médica coinciden en que, aunque la emergencia sanitaria quedó atrás, el riesgo epidemiológico permanece.

 

 

 

Uno de los objetivos iniciales durante los primeros años de la pandemia fue alcanzar la llamada “inmunidad de rebaño”, es decir, lograr que una proporción suficientemente alta de la población desarrollara protección contra el virus para frenar su transmisión, pero especialistas coinciden en que ese escenario nunca se alcanzó plenamente.

 

Una revisión publicada en The Journal of Infectious Diseases dice que el concepto clásico de inmunidad colectiva resulta difícil de aplicar al COVID-19 debido a factores como la transmisión asintomática y la capacidad del virus para mutar rápidamente.

 

Instituciones médicas estiman que se requeriría que entre 70 y 80 % de la población tuviera inmunidad efectiva, pero la aparición de variantes, especialmente las derivadas de Ómicron, ha permitido al virus evadir parcialmente la protección generada por vacunas o infecciones previas.

 

Actualmente, la protección poblacional se mantiene principalmente mediante vacunaciones periódicas, similares a las de la influenza, aunque sin lograr eliminar la circulación del virus. Incluso, la propia OMS ha insistido en que la inmunidad colectiva debe alcanzarse mediante vacunación y no a través de infecciones naturales.

 

Contrario a la percepción de que el virus desapareció, las variantes continúan evolucionando y circulando; datos del CDC indican que, a inicios de 2026, la variante dominante en Estados Unidos es XFG, conocida como “Stratus”, que representa cerca del 29 % de los casos.

 

Le siguen NB.1.8.1 (“Nimbus”) con 21 % y XFG.2.5.1 con 16 % de las infecciones; todas estas variantes son sublinajes de Ómicron, que desplazó a las variantes originales del virus desde 2022.

 

Por su parte, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) mantiene bajo vigilancia linajes como BA.2.86 y sus derivados, debido a mutaciones que aumentan la capacidad de transmisión y reducen parcialmente la inmunidad previa.

 

Aunque las variantes actuales suelen provocar cuadros menos graves que las registradas durante la ola Delta, continúan generando contagios y síntomas como dolor intenso de garganta, congestión nasal, fatiga y fiebre moderada

 

Las vacunas actualizadas para la temporada 2025-2026, diseñadas para el linaje JN.1, mantienen una eficacia estimada de entre 45 y 68 % para prevenir hospitalizaciones. 

 

Pero mientras el COVID-19 se vuelve parte del paisaje epidemiológico habitual, otros virus respiratorios comienzan a captar la atención de los especialistas como la Influenza A (H3N2), pues la OMS ha reportado un aumento global de casos durante la temporada 2025-2026.

 

Asimismo, el Virus Sincicial Respiratorio (RSV) que continúa generando altas tasas de hospitalización en niños menores de cinco años; la metapneumovirus humano (HMPV), un virus respiratorio sin vacuna disponible que provoca síntomas similares al resfriado y afecta principalmente a niños y adultos mayores.

 

Además, algunos investigadores advierten sobre virus con potencial zoonótico, es decir, capaces de saltar de animales a humanos, como la Influenza D, detectada en ganado bovino y la HuPn-2018, un coronavirus de origen canino. Y aunque actualmente no representan epidemias humanas, su vigilancia es limitada y podrían convertirse en amenazas futuras.

 

 

 

El descenso del COVID-19 en la conversación pública se explica por una combinación de factores, por un lado la actividad del virus es significativamente menor en comparación con los años más críticos de la pandemia.

 

Por otro lado, especialistas hablan de fatiga pandémica, después de años de restricciones, campañas de vacunación y saturación informativa, el interés social y mediático disminuyó. A ello se suma que los gobiernos han redirigido recursos hacia otras prioridades, como conflictos geopolíticos o defensa nacional, lo que ha reducido el financiamiento para programas de preparación ante pandemias.

 

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