Las fuertes lluvias registradas en Kenia provocaron inundaciones repentinas que dejaron al menos 43 muertos, según medios locales. El desastre afectó especialmente a la capital, Nairobi, donde ríos desbordados inundaron amplias zonas de la ciudad y transformaron avenidas en auténticos ríos.
Las corrientes de agua arrastraron vehículos, bloquearon carreteras y dejaron a numerosos conductores atrapados. El fenómeno también provocó interrupciones en el suministro eléctrico y afectó el funcionamiento del aeropuerto internacional Jomo Kenyatta, donde varios vuelos fueron desviados.
El presidente del país africano, William Ruto, anunció el despliegue de militares y equipos de rescate para apoyar las labores de emergencia. Las autoridades también comenzaron a distribuir alimentos y asistencia médica a las familias afectadas por el desastre.