Más allá del “cutting”: las formas ocultas de la autolesión

Más allá del “cutting”: las formas ocultas de la autolesión

Foto: FreePik

Cada 1 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Concienciación sobre la Autolesión, una fecha que busca visibilizar una realidad que afecta principalmente a adolescentes y jóvenes, romper estigmas y promover el acceso a apoyo profesional.

 

La jornada tiene como objetivo informar y generar comprensión en torno a una conducta que, aunque a menudo se asocia erróneamente únicamente con intentos suicidas, es en muchos casos una forma dañina de enfrentar un dolor emocional intenso.

 

La autolesión, también conocida como autolesión no suicida, se define como el acto intencional de causarse daño físico sin la intención de morir. La práctica más conocida es el “cutting”, es decir, cortarse la piel con objetos filosos como navajas, cuchillos o clips, generalmente en brazos, piernas o torso; no obstante, existen otras formas de autolesión que suelen permanecer ocultas.

 

Entre las conductas más frecuentes se encuentran quemarse con cigarrillos, fósforos u objetos calientes; golpearse contra paredes o darse puñetazos; rascarse hasta sangrar; morderse o pellizcarse la piel; arrancarse el cabello; perforarse con agujas u objetos punzantes, e incluso tallar palabras o símbolos en la piel.

 

Estas prácticas suelen llevarse a cabo en privado y, aunque pueden generar una sensación momentánea de alivio frente a emociones como tristeza, ira, ansiedad o vacío, conllevan sentimientos posteriores de culpa y vergüenza, además de riesgos de infecciones, cicatrices permanentes o lesiones graves.

 

Especialistas coinciden en que la autolesión no es una “moda pasajera” ni un trastorno mental independiente, sino un síntoma de sufrimiento emocional profundo y un mecanismo de afrontamiento disfuncional.

 

Diversos estudios internacionales señalan que entre 15 y 18 % de los adolescentes reporta haberse autolesionado al menos una vez; las cifras son más altas en mujeres jóvenes y en poblaciones vulnerables, como adolescentes LGBTQ+, donde algunos estudios registran porcentajes considerablemente mayores.

 

Además, la autolesión suele estar asociada a depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, antecedentes de trauma o trastorno límite de la personalidad y aunque no implica necesariamente una intención suicida, sí incrementa el riesgo de intentos de suicidio en el futuro si no se atiende de manera adecuada.

 

Por ello, especialistas advierten que no debe minimizarse como “una fase” o interpretarse únicamente como una búsqueda de atención, sino entenderse como una señal de alarma que requiere intervención profesional y acompañamiento empático.

 

El papel de las redes sociales también ha sido objeto de debate, plataformas como TikTok e Instagram pueden amplificar riesgos al exponer a usuarios vulnerables a contenidos que normalizan o romantizan la autolesión.

 

Diversos informes han advertido que los algoritmos pueden conducir rápidamente a publicaciones relacionadas con depresión, autolesión o suicidio, profundizando la vulnerabilidad de algunos adolescentes.

 

Por ello, en el marco de esta conmemoración, el llamado es a hablar del tema sin juicios ni estigmatización, la autolesión es una señal de que alguien necesita ayuda y es fundamental buscar apoyo profesional.

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