Definamos qué es una dictadura

Definamos qué es una dictadura

Están acusando a la presidenta Claudia Sheinbaum de querernos llevar a una dictadura, es el mismo desgastado guion que decía que Andrés Manuel se quedaría en el poder como dictador. Lo repiten los mismos que justifican las agresiones de Estados Unidos contra Venezuela porque Maduro era un dictador. Hablan de dictadura con tanta ligereza y lo repiten gran cantidad de veces que muchas personas caen en el engaño, el miedo y la paranoia que la derecha pretende difundir. Pero desmontemos este mito y expliquemos detenidamente ¿qué es realmente una dictadura?

 

La ultima dictadura que vivió nuestro país (El Porfiriato) culminó en una Revolución Social que marcó profundamente el imaginario del mexicano a tal grado que hoy, más de 100 años después, sigue siendo inaceptable la reelección de los gobernantes y asociamos -erróneamente- que una dictadura está basada en el tiempo que una persona detenta el poder. Este es el primer error, el tiempo en el poder no determina que un gobierno sea o no una dictadura. A menudo la derecha utiliza este recurso, pero no resiste el mínimo debate porque se derrumba por las contradicciones. Es curioso que la derecha que infundía miedo diciendo que López Obrador se reelegiría sea la misma que alabe a Porfirio Díaz.

 

Esa misma derecha argumenta que gobiernos de izquierda como el de Fidel Castro en Cuba o el de Hugo Chávez en Venezuela fueron dictaduras porque gobernaron “muchos” años. La siguiente gráfica muestra algunos ejemplos de gobiernos tanto de derecha como de izquierda y el tiempo que han estado gobernando. Si lo hace la izquierda le llaman dictadura, pero si lo hace un gobierno de derecha es democracia.

 

Elaboración propia

 

Se observa que gobiernos como el de Angela Merkel en Alemania (2005-2021) fueron más prolongados que el de Chávez y Maduro, pero ningún gobierno de Occidente le llamó dictadura. El genocida gobernante de Israel, Benjamín Netanyahu, acumula más de 17 años en el cargo, pero Estados Unidos no le ha llamado dictadura. Peor aún, la narco-monarquía inglesa ha tenido personajes como Isabel II con más de 70 años en el poder, nadie votó por ella, nadie la eligió, ningún inglés tuvo la oportunidad de plebiscito para removerla, pero no le llaman dictadura. Y así podemos nombrar también a la monarquía española o saudita, ambas arrastran largas acusaciones de delitos de sangre.

 

Entonces, el tiempo en el poder no define una dictadura o democracia. ¿Qué elementos podrían ser considerados? Uno de ellos es la ausencia de libertades y la represión del estado. Si esta columna yo la escribiera en Reino Unido o en Israel seguramente iría preso por llamarle dictador al gobierno; sin embargo, aquí en México tenemos a cientos de conservadores todos los días por televisión, radio y redes sociales difamando a la presidenta de dictadora y lo hacen en entera libertad. De hecho, Reino Unido ocupa el primer lugar en el número de arrestos por publicaciones en Redes sociales que son contrarias al gobierno o a la monarquía, más de 12 mil personas fueron detenidas, en Estados Unidos fueron 50, en México ninguna, pero durante toda la guerra sucia y el neoliberalismo (1968-2018) hubo más de 50 mil presos y desaparecidos políticos.

 

Otro criterio para considerar la diferencia entre democracia y dictadura es la capacidad de elección de los pueblos. Por ejemplo, durante el gobierno de Chávez (1999-2013) hubo 16 procesos electorales que incluyeron 5 elecciones presidenciales y un referéndum revocatorio donde los venezolanos pudieron decidir si Chávez continuaba o no en el poder. En ese mismo periodo tanto en Cuba como en Reino Unido hubo 5 procesos, pero en Reino Unido en ninguno de ellos sus ciudadanos pudieron elegir sobre la elección o continuidad de Isabel II. En cambio, en Cuba, cada proceso de renovación legislativa permitía decidir la continuidad o la elección de un gobierno diferente mediante organizaciones barriales, populares y de centros de trabajo que eligieron sus representantes a la Asamblea y a su vez ellos eligieron al Consejo de Estado y presidente.

 

Por último, un criterio muy importante es la división de poderes. En pleno siglo XXI las arcaicas monarquías feudales de Reino Unido y España tienen el poder de disolver y nombrar jefes de gobierno (presidentes) e incluso disolver el parlamento, ¡una sola persona pasa por el voto de millones de ciudadanos! Por otro lado, países occidentales que ostentan división de poderes, encubren realmente que quien gobierna es el poder económico. Las grandes oligarquías mundiales son las que mandatan realmente a guiñapos como Javier Milei en Argentina o incluso al mismo Donald Trump que ha tenido que recular frente a magnates como Elon Musk.

 

Debemos ser cuidadosos al momento de etiquetar a algún gobierno como “dictadura”, hacerlo sin evidencia institucional desdibuja el significado del autoritarismo real y empobrece el debate político. Exijamos claridad y rigurosidad conceptual en el discurso público para no banalizar el término “dictador”. Deslegitimar sin fundamento no fortalece la democracia: la debilita. Y utilizar mal las palabras que definen sistemas políticos nos aleja de entender realmente cómo se consolida o diluye la libertad en nuestras sociedades.

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras

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