Chedraui, el señor de los récords inútiles

Chedraui, el señor de los récords inútiles

En lo que va de su gestión, el alcalde José Chedraui ha demostrado una obsesión enfermiza por el espectáculo vacío, mientras tanto Puebla se hunde en el caos. Sus últimos dos grandes logros han sido llenar de foquitos el zócalo y una rosca de reyes gigante que logró un Récord Guinness, y una alfombra monumental, todo lo cual no son más que distracciones baratas, cortinas de humo para ocultar una administración infausta, improvisada y francamente irresponsable.

 

Y es que aunque el Ayuntamiento presuma acuerdos con empresas para no cargar directamente el gasto, el consumo eléctrico masivo durante meses recae en la CFE y, al final, en los bolsillos de los poblanos, tomando en cuenta que Puebla es una ciudad donde colonias enteras viven a oscuras, facilitando asaltos y delincuencia, por lo que priorizar el brillo superficial del Centro Histórico es una burla cruel.

 

En una capital que se autodenomina “imparable”, priorizar el brillo superficial sobre la iluminación funcional revela una desconexión alarmante con las necesidades básicas de los poblanos.

 

Y peor aún, la obsesión por el Récord Guinness con la Rosca de Reyes más grande del mundo, que no fue más que una línea de pan de más de 6 kilómetros y 19,000 piezas, el colmo del despilfarro simbólico. Miles de personas acudieron al zócalo y avenidas aledañas para degustar el pan, en un acto que el locuaz Chedraui presentó como un acto de “unidad familiar” y tradición. 

 

Pero, ¿unidad para qué?, ¿para celebrar un récord inútil mientras la ciudad se desmorona en baches, inseguridad y servicios colapsados? Rumores persistentes apuntan a deudas pendientes con colaboradores que participaron en la elaboración, un detalle que opaca el supuesto éxito y huele a despilfarro presupuestal que caracteriza a esta administración; un récord Guinness que no tapa un solo bache ni detiene un solo robo.

 

Sin duda, estos “logros” contrastan brutalmente con el desastre que es la ciudad de Puebla. La “capital imparable” de Chedraui enfrenta una infraestructura vial en crisis, con calles destrozadas que representan un peligro diario para conductores y peatones. 

 

La inseguridad va en aumento y aunque el gobierno municipal alardea de una reducción del 13 % en incidencia delictiva comparado con 2024, la percepción ciudadana es totalmente contraria. Según el INEGI, más del 81 % de los poblanos mayores de 18 años se sintieron inseguros en su propia ciudad durante 2025, una cifra que supera el promedio nacional y que empeora diariamente. 

 

Ocho de cada diez personas temen salir a la calle, modificar hábitos por miedo a robos, extorsiones o violencia. Robos a transeúnte, narcomenudeo y asaltos en transporte público siguen a la alza, mientras Chedraui se autoengaña, convencido de su “excelencia” según encuestas cuchareadas.

 

Pero esas cifras no reflejan la realidad cotidiana, una ciudad rebasada en servicios públicos, con basura acumulada por el pésimo trabajo de concesionarias, movilidad colapsada y juntas auxiliares abandonadas

 

Priorizar actos masivos y récords inútiles sobre infraestructura, seguridad real y bienestar es no sólo frivolidad, sino cinismo puro; es gobernar para la selfie, no para los poblanos.

 

Es hora de que Chedraui deje los foquitos y las roscas gigantes, Puebla no necesita más espejitos; necesita un alcalde que enfrente la realidad, ya que de lo contrario su administración no pasará a la historia por un Guinness absurdo, sino por ser el epítome del fracaso disfrazado de festejo