Año nuevo y los días sin tiempo

Año nuevo y los días sin tiempo

Al iniciar el segundo cuarto del siglo XXI, millones de personas repiten, casi sin notarlo, una liturgia antigua: hacen propósitos de Año Nuevo, consultan horóscopos y pronósticos, formulan deseos, ejecutan pequeños rituales para “comenzar bien” el ciclo que inicia. Pero, pocas veces nos detenemos a preguntar por qué lo hacemos, desde cuándo y con qué función social y simbólica. ¿Qué significa que una sociedad declare que un tiempo ha terminado y otro comienza? Para las civilizaciones mesoamericanas ese momento tenía un nombre inquietante: los días sin tiempo.

 

Hasta ahora sabemos que el ser humano es el único animal que es consciente del tiempo. Estudios antropológicos revelan que casi todos los pueblos del mundo tienen una conmemoración de fin de año, cuando nuestro planeta ha dado una vuelta completa al sol, aunque no necesariamente coinciden en el mismo momento de inicio-fin de ese ciclo y hay significados diferentes.

 

Por ejemplo, el actual calendario que rige casi universalmente desde 1582, el gregoriano, señala que el año concluye en el mes de diciembre en el invierno boreal o el verano austral. Coincide con el anterior calendario, el juliano, impuesto por el Imperio Romano en el año 46 de nuestra era. Pero esto no siempre ha sido así, los judíos celebran año nuevo entre septiembre y octubre, de acuerdo con un conteo luni-solar. Inglaterra, para desafiar a la Iglesia Católica, celebraba el año nuevo cada 25 de marzo y eso fue vigente hasta 1752. Los ortodoxos de Oriente, como los rusos, celebran el año nuevo el 14 de enero y los chinos lo hacen en la segunda luna nueva después del solsticio de invierno (entre febrero y marzo).

 

Nuestros abuelos indígenas de Mesoamérica, expertos en astronomía, desarrollaron calendarios más exactos que el juliano y, aunque no había un calendario general para todos, también conmemoraban año nuevo. Para ellos el año no significa una vuelta de la Tierra al Sol, sino el camino del Sol. Ellos observaban el cielo y registraban el punto donde amanece, donde se oculta el sol, que tan alto llega, cuanto tarda en volver y como va cambiando a lo largo del tiempo hasta que vuelve otra vez al mismo punto, ese es el camino del sol (un año). Entonces, el sol es una fuerza viva que sostiene a nuestro mundo cuando camina, si se cansa y se para, el mundo se cae. No era un círculo en términos matemáticos, sino más bien una espiral, muy parecida a la que dibujan los caracoles en sus conchas o al Nahui Ollin (que hoy vemos en las monedas de diez pesos).

 

El punto de inicio-fin de ese camino dependía de la región y la latitud de cada pueblo. Recordemos que la actividad productiva preponderante era el cultivo de maíz que sostenía la alimentación mesoamericana, así que los indígenas coinciden en ver al maíz como la forma que toma el Sol en la tierra. Por tanto, el año nuevo se relacionaba con los periodos agrícolas. Para los mayas, en el sureste, el año iniciaba cerca del 31 de julio (de nuestro calendario), cuando ya se recogió la cosecha anterior y la nueva aún no nace. Para los pueblos del centro del país, como los mexicas, zapotecas y totonacas, el año culminaba a finales de enero cuando la temperatura comienza a subir y el año nuevo se aproximaba al 2 de febrero, por eso los españoles usaron la fiesta de la Candelaria para la conquista espiritual.

 

Los calendarios maya y mexica coinciden en nombrar días entre el final de un año y el comienzo del otro. Estos días que estaban “fuera del calendario” y que hoy hemos interpretado como “días sin tiempo” tienen un significado muy profundo. Los mayas le llaman Wayeb´ y los mexicas nemontemi (días inútiles). En ese momento el camino del Sol es incierto porque no se sabe si volverá y el equilibrio del cosmos es frágil.

 

En esos días los mayas no se casaban, no hacían rituales, no iniciaban proyectos, la gente se mantenía como en un estado de recogimiento entre una “zona de transición” de un viejo a un nuevo orden. Debido a que, para los mayas, el tiempo no es lineal, el final e inicio de año es más que pasar una hoja de calendario, es un momento sagrado poder ver al sol de regreso. Los mexicas también le daban un sentido especial, la tierra no se trabajaba, se estaba preparando para dar vida de nuevo, como un estado de reposo y por tanto, los mexicas también reposaban, por eso se interpreta como “sin tiempo”, porque es como si el mundo se detuviera. El año termina e inicia cuando la madre tierra esté dispuesta de nuevo y cuando el Sol regresa.

 

Es complicado entenderlo en el pensamiento capitalista dominante, pero nos deja muchos aprendizajes: primero, una perspectiva de humildad del ser humano frente al cosmos, los tiempos no se imponen, se escuchan a la Tierra. Segundo, exigir un derecho al no-rendimiento, el descanso es fundamental para el planeta, para el humano, para todos, esto es limitar el extractivismo de pensar que la riqueza se genera infinitamente y que pone al borde de sus capacidades a la tierra (ecología) y al trabajador. Tercero, repensar la gratitud que se valora a partir de las pausas, de la reflexión, de que la vida es algo más que “si no se trabaja no se sobrevive”.

 

Ojalá que la sabiduría de nuestros abuelos indígenas nos ilumine en estos momentos angustiantes de la crisis civilizatoria que vivimos. ¡Feliz año nuevo!

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras

 

YouTube: #BandalaNomics