
En un rincón del basurero digital que sigue siendo Twitter, o como ahora le dicen X, en una de esas noches de scroll infinito, me topé con un meme que me hizo reír, pero solo por unos segundos. Decía “Do not finance pizza”(no financiamos pizza) y mostraba un anuncio ficticio que ofrecía un plan de pago a plazo para adquirir una pizza, acompañado de la imagen de un monito triste, como si la impotencia lo estuviera ahogando. Era gracioso, en parte, porque parecía absurdo y también porque ese humor negro suele ser la única forma de procesar la realidad en la que vivimos.
Lo que en un meme parece una exageración distópica, hoy se ha convertido en realidad y es que DoorDash, la plataforma de entrega de comida en Estados Unidos, anunció su asociación con Klarna para permitir que sus clientes compren tacos, pizzas o burritos... a crédito. Sí, ahora puedes pedir un combo y pagarlo en cuatro cómodas cuotas. Nada grita “economía próspera” como la posibilidad de endeudarse para pagar un rollo primavera no tan económico, pero a dos clicks de distancia.
Este tipo de préstamos, conocidos como “Buy Now, Pay Later” (BNPL, por sus siglas en inglés), se presentan como una opción flexible, sin intereses y aparentemente inofensiva. ¿El problema? Estos préstamos suelen ser usados por personas que ya están hasta el cuello con deudas de tarjetas de crédito, préstamos estudiantiles o hipotecas. Pero claro, ahora pueden sumarle una hamburguesa financiada a su lista de pagos pendientes. Las plataformas de pago “Compra ahora, paga después” que muchos ven como una solución para comprar sin gastar de inmediato, pueden convertirse en una trampa financiera.
Expertos señalan que un pedido inicial de $20 podría inflarse hasta los $80 debido a intereses y penalizaciones acumuladas, especialmente si los pagos se atrasan. Y eso, sin contar el efecto que tiene la inflación en los precios generales de bienes y servicios que no ha hecho más que avanzar a pesar de las promesas de Donald Trump antes de llegar al poder, lo que hace que pagar a cuotas no sea tan rentable como parece
La lógica detrás de esto es tan preocupante como predecible, en teoría, Klarna asegura que su modelo evita que las deudas se acumulen y que sus usuarios suelen ser más responsables que quienes usan tarjetas de crédito. Pero la realidad que los datos nos cuentan es otra, en 2022, el 63% de quienes usaron BNPL tenían varios préstamos simultáneos y casi uno de cada cinco tomaba al menos uno de estos créditos cada mes.
El riesgo no es solo que una persona termine debiendo más de lo que puede pagar, el peligro es que normalicemos este ciclo de consumo a crédito, incluso para bienes y servicios básicos como la comida. Porque si necesitas financiar una pizza o un pedido de sushi, el problema no es solo la deuda, es el sistema económico que no te permite vivir al día sin recurrir a cuotas y aplazamientos.
Lo peor viene con la normalización de este tipo de comportamientos, ya que durante la investigación que realicé. para esta columna semanal, me percaté de algo peculiar, y es que casualmente en las primeras páginas de búsqueda en google, aparece una nota que curiosamente se parece mucho al comunicado oficial de Doordash anunciando esta colaboración. Dando pie a que parezca normal, este tipo de maniobras.
Este tipo de anuncios deberían ser una alerta, no una victoria del marketing. Pero en lugar de preguntarnos por qué hay gente que necesita financiar una comida de $35, lo normalizamos. Lo celebramos como “opciones de pago flexibles” mientras ignoramos la raíz del problema, salarios que no alcanzan, inflación descontrolada y una precarización laboral cada vez más profunda.
Douglas Boneparth presidente de Bone Fide Wealth, escribió en X una declaración reveladora al respecto “Come ahora y paga después, en una trampa pésima (...) ya que si necesitas prestado para poder tener un burrito, tu eres el producto. Nada más”.
Después de todo esto, el meme del monito triste mirando una pizza financiada ya no parece tan exagerado. Es más bien un retrato de la distopía cotidiana en la que vivimos. Una donde, mientras algunos celebran la innovación financiera, otros seguimos preguntándonos cuánto falta para que empiecen a ofrecer planes de pago para un litro de leche o unas tortillas.
Quizá algún día, en lugar de financiar la pizza, empecemos a financiar un cambio real. Porque endeudarse para comer no es libertad financiera, es una trampa y estamos cayendo en ella, pago a pago
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