
En algunas calles y colonias de Puebla capital, los llamados “franeleros” son habituales, especialmente en zonas comerciales, cerca de centros educativos, hospitales, dependencias de gobierno o simplemente en áreas de gran afluencia vehicular.
Estos individuos se ofrecen para “cuidar” el vehículo de los conductores a cambio de una propina, en un esquema que ha generado tanto controversia como indiferencia. Sin embargo, muchos se preguntan si esta actividad es legal o si, por el contrario, constituye una infracción.
De acuerdo con el Código Penal del Estado de Puebla, la actividad que llevan a cabo los franeleros no está explícitamente tipificada como un delito. Sin embargo, lo que caracteriza a estos individuos es que, aunque no trabajan directamente para el gobierno ni están afiliados a una empresa formal, aunque sí a organizaciones como la 28 de Octubre o Antorcha Campesina, se apropian del espacio público sin autorización y solicitan una contraprestación por su "servicio" de vigilancia o "cuidado" de vehículos.
El problema legal radica en la falta de regulación y control de esta actividad, ya que no está claro cómo deben actuar estos individuos ni qué garantías ofrecen a los propietarios de los vehículos.
Los “franeleros” en muchos casos operan sin ningún tipo de supervisión y, por lo tanto, en ocasiones no se puede comprobar si su labor realmente asegura el vehículo o simplemente representa una forma de extorsión encubierta.
¿A qué nos referimos? A que genera malestar entre los conductores que deben decidir si pagar por un servicio no solicitado o arriesgarse a sufrir daños en su vehículo por parte de los mismos sujetos que se ofrecen a “cuidarlo”.
Una de las problemáticas más comunes relacionadas con los franeleros es la extorsión. En muchos casos, no solo solicitan una cantidad fija o “voluntaria”, sino que, en algunos puntos de la ciudad, el pago se hace obligatorio, con amenazas de que, si no se paga, el vehículo podría ser dañado o retirado por otros individuos.
Esta situación puede generar un ambiente de inseguridad para los conductores y, en muchos casos, crea conflictos entre los franeleros y los ciudadanos.
Además, se ha documentado que, en algunas zonas de Puebla, los franeleros no solo están involucrados en este tipo de prácticas de extorsión, sino también en actividades ilícitas como la venta de droga o como observadores de situaciones delictivas, los llamados ‘halcones.
Por lo tanto, su presencia no es únicamente un inconveniente para los automovilistas, sino que también puede representar un riesgo para la seguridad pública.
En Puebla capital, la presencia de “franeleros” se concentra principalmente en áreas de alto flujo vehicular y comercial. Algunos de los puntos más comunes son:
El centro histórico. Aunque con la implementación del programa de Parquímetros, hoy Estacionamiento Rotativo, esta problemática se ha reducido al menos en la zona aledaña al zócalo y en todo el polígono donde el Ayuntamiento de Puebla delimitó los cajones de estacionamiento.
Sin embargo, en las calles alejadas pero que todavía pertenecen a la zona, como el Barrio de Analco, El Alto, San José o la 4 Poniente, desde la 17 hasta la 11 Norte, aún se observa a las personas que ofrecen un lugar para estacionarse, en la vía pública, a cambio de una cuota.
En la zona de Los Fuertes, que es un sitio turístico y recreativo, también se presenta una alta concentración de franeleros, especialmente en días festivos, fines de semana o en caso de actividades como conciertos en el Centro Expositor o la propia Feria de Puebla.
En las inmediaciones del Hospital General del Sur, o del Hospital de La Margarita y de San José del IMSS, los franeleros se ubican con frecuencia ofreciendo sus servicios. Los centros comerciales no se salvan, aun cuando la gran mayoría ya cuenta con estacionamiento.
En los alrededores de Plaza Dorada, Las Ánimas, el propio CIS de Angelópolis, Ciudad Judicial y el Hospital General de Cholula, en el municipio de San Andrés Cholula, se les puede observar con su franela y con cubetas que bien utilizan para lavar los coches y obtener una ganancia extra, o para apartar espacios.
La falta de un marco normativo claro y la escasez de operativos constantes por parte de las autoridades policiales hace que los franeleros continúen operando sin obstáculos.
El Ayuntamiento de Puebla ha señalado que el trabajo de los franeleros no está prohibido por completo, pero sí debe estar regulado y, con el programa de Parquímetros, varios de esos franeleros terminaron trabajando para el gobierno municipal como supervisores.
Por su parte, los ciudadanos deben estar alertas sobre los riesgos asociados con la presencia de estos individuos en las calles y zonas comerciales de la capital poblana.