El papel cambiante de los maestros y la evolución de la educación

El papel cambiante de los maestros y la evolución de la educación

Foto: Freepik

Mañana 15 de mayo se celebra el Día del Maestro, una profesión que, con el paso de los años, ha sufrido grandes cambios, ha evolucionado y se h adaptado a la actualidad. Si bien es cierto que en el proceso de enseñanza y aprendizaje confluyen diferentes agentes, la evolución de los roles de unos y otros, así como la relación entre ambos, ha sido uno de los aspectos que más ha cambiado en los últimos años.

 

Hace 50 años el maestro era por lo general una figura que ejercía una notable autoridad, con normas estrictas que alcanzaban incluso al ámbito familiar. Hoy en día los docentes tienen un rol mucho más amable. Reflexionando sobre el maestro de hace algunas décadas, era modelo de una sociedad y un ciudadano que ya no existe y, por lo tanto, las prácticas tradicionales de enseñanza se volvieron caducas e insuficientes.

 

El respeto sigue siendo fundamental en el aula, pero atrás quedaron las clases magistrales. El papel del docente ha virado hacia una figura más amable, casi un guía que acompaña a los alumnos en ese proceso de aprendizaje fomentando la creatividad y participación, asumiendo además su papel en el equipo docente y valiéndose de las nuevas tecnologías para formar a los profesionales del futuro.

 

En antaño, los maestros tenían ante los alumnos y los padres un lugar de autoridad indiscutible, su palabra era ley y también lo eran las enseñanzas que transmitía.

 

Dentro del salón de clases había orden, nadie hablaba sin permiso y mucho menos se levantaba de su lugar. Hoy se tiene una relación maestro-alumno más cercana, esto a veces es positivo y otras veces no, porque, si el maestro no es muy hábil para marcar un límite en la relación tendrá problemas para mantener la disciplina.

 

Antes la autoridad del maestro se imponía y hoy debe construirse día a día. Antes con decir que era maestro y por ser adulto ya era respetado. Actualmente el maestro tiene que enseñarles a los alumnos cómo comportarse, a no agredir a sus compañeros, no pegar, no escupir; esto que tradicionalmente correspondía hacerlo a los padres, eso se llamaba educación. Antes el maestro sabía que esos valores correspondía inculcarlos desde la familia y por lo tanto el maestro sabía que el alumno llegaría ya con una buena base a culminar sus estudios.

 

Hoy el maestro tiene que ganarse diariamente la legitimidad de la autoridad y el respeto. Con el sistema político que vivimos ahora, el maestro trata de evitar conflictos ya que de esa manera evita problemas que puedan poner en riesgo su trabajo.

 

Pero no solo la figura del maestro ha sufrido una profunda transformación. También los estudiantes han cambiado. Si antes eran meros destinatarios del conocimiento, hoy son parte activa del proceso de enseñanza aprendizaje, son protagonistas de su propia catarsis educativa. Aquellos maestros de antaño, si se pusieran frente a los alumnos de hoy, les resultaría imposible enseñar sin disciplina, con tanto celular y dispositivos, que se llevan la atención de los alumnos.

 

 

Frente a las metodologías tradicionales, con alumnos condenados a escuchar pasivamente para aprender la lección a base de memorización y academismo, las metodologías activas apuestan por el trabajo en equipo, así como la resolución de problemas basadas en situaciones reales.

 

Otro de los aspectos claves en los nuevos escenarios educativos tiene que ver con los materiales pedagógicos. Si a principios de siglo los libros y materiales impresos supusieron una notable transformación, hoy son las mochilas digitales las que van abriéndose camino en el panorama educativo. Aunque los materiales tradicionales siguen muy presentes en las primeras etapas de la enseñanza, en niveles superiores, los viejos encerados han dado paso a las pizarras digitales, los cuadernos a las tabletas, y así sucesivamente.

 

A nadie le extraña ya ver a un adolescente portando un smartphone, algo que resultaba inimaginable hace apenas unas décadas. Las nuevas tecnologías han llegado para quedarse.

 

Esta es, sin duda, una de las cuestiones más controvertidas a la hora de hablar del proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, constituye otros de los aspectos que forman parte de los puntos clave de la evolución de la docencia en el último siglo.

 

En el tema de las tareas, muchos defienden el hecho de que ayudan a retener conocimientos, comprender lo trabajado en clase, mejorar los hábitos de estudio o fomentar la autodisciplina. Pero, por otra parte, hay voces que apuntan hacia el hecho de que suponen una mayor presión para los estudiantes y causan estrés en los escolares.

 

Sin embargo, los cambios son evidentes y en este escenario el papel del docente es clave para optimizar esas tareas. En la actualidad, los docentes organizan y diseñan experiencias didácticas motivadoras para los estudiantes convirtiendo los deberes, en muchas ocasiones, en un juego que potencia la creatividad y la capacidad de experimentación de los alumnos.

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