PRI Puebla, más panista que el mismo PAN

En solo una década, el PRI en Puebla ha pasado de ser el “partidazo” al que todos rendían pleitesía a ser un minipartido más interesado en ser rescatado por el PAN que en sus propios problemas.

 

La disputa que aún se tiene en el PAN poblano por la dirigencia estatal de este partido causa zozobra no solo entre los panistas, sino entre los mismos priistas, que no pueden ni conciliar el sueño.

 

El principal interesado en que todo se resuelva en el PAN es ni más ni menos que el dirigente estatal del PRI, Néstor Camarillo, pues le urge sentarse con la nueva dirigencia panista a pactar desde ya la alianza para 2022 y sobre todo 2024.

 

En los rincones del PRI Estatal se hacen llamadas constantes para ver cómo va la definición de la dirigencia panista, mientras los militantes priistas son dejados de lado.

 

Qué tan bajo ha caído el expartidazo que su mismo líder parece el panista número uno del estado. Y esto no es cosa de colores, amable lector, es de respeto a su militancia.

 

Néstor Camarillo está que no lo calienta ni el sol, pues justo después de que terminaron las elecciones internas del PAN levantó la mano para reunirse con Augusta Díaz de Rivera.

 

Es decir, no ve la hora en ponerse nuevamente el chaleco panista para rescatar algo en las futuras elecciones.

 

Qué lejos se ven esos tiempos donde el PRI caminaba soberbio en Puebla, burlándose de los otros partidos e imponiendo diputados, alcaldes y hasta gobernadores.

 

Hoy el PRI es un poquito más que el casi muerto PRD y mucho menos que el PAN, con todo y sus problemas internos.

 

Y ahora sí hablando del PAN, qué timorato y blando se ve Marko Cortés, quien ya había dado la indicación a Genoveva Huerta de dejar por la paz sus impugnaciones a la elección interna del blanquiazul, pero fue monumentalmente ignorado.

 

Marko Cortés es un dirigente de papel consumado, pues hasta permite que “a la fuerza” Huerta Villegas publique una foto diciendo que se reunió con él para comunicarle que su berrinche llegará a los tribunales.

 

El líder nacional panista, tembloroso y sin pantalones, sonríe nervioso y deja que el PAN poblano siga ardiendo.